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UN CAFÉ JUNTO A ELIZABETH 2da edición

Era de tarde. El tiempo era el típico clima otoñal de Santiago, nublado y caluroso, o como solemos decir en el campo, estaba abochornado, lo que me hace sudar demasiado y detesto eso. Como fuera, a las cuatro menos cuarto llegó ella. Elizabeth llevaba una blusa impecable, su traje me decía que era una buena secretaria que cuidaba su apariencia sobre manera en horas de trabajo. Sus uñas pintadas de un sobrio rojo, las manos pulcras y cuidadas con dedicación; su pelo planchado, negándole la posibilidad de ser onduladamente libre; esta vez no traía labial, solo brillo; con el pelo tapando parcialmente sus orejas y su cara, lograba simular la redondez de sus mejillas, curvatura que, a mí en lo personal, siempre me gustó. En definitiva, un agradable conjunto digno, al menos para mí, de ser observado. A Elizabeth la conozco desde hace años, desde que salí de la escuela. Nos topamos en el preuniversitario, inicialmente en lengua e historia. Comenzamos a conversar un...

Regreso a casa

[NOTA DEL AUTOR: Desde ahora en más, los textos que suba son en realidad un entrenamiento para lograr textos de mejor calidad en el futuro] Hoy trae consigo los mismos anteojos de marco plástico negro de cada día, los compró hace menos de tres meses, pero ya se acomodó al aumento que estos tienen. El vestido liso negro, hace juego con los anteojos, al igual que su labial rojo color rojo acabado mate, sin brillo y los zapatos negro tipo botines, le quita formalidad en una justa medida; su cabello castaño claro, tomado con una cola de caballo la hace lucir más sería, dejando al descubierto unos aretes de lapislázuli pequeños, muy sobrios, mientras ojea su teléfono móvil y sonríe ocasionalmente.  En los vidrios de la caseta, se reflejaba su cuerpo aburrido en el andén, esperando como cada día que el bus abriera sus puertas para subir y partir a casa. La misma distancia, una hora veinticinco de cada noche, de lunes a jueves. Darle like a memes la mantenía despierta, porque ya ...

Dos cuentos cortos sobre la lluvia

Desayuno Este invierno he desarrollado un nuevo gusto: desayunar en el patio mientras llueve. Estoy a salvo bajo el techo de la terraza, pero sentir la lluvia con un buen café y música de TOE, se convierte en un momento espacial. Si bien estoy consciente, mi mente se tranquiliza y mi pecho se siente feliz. Algo que agradezco después de las noches de desvelo. Trabajo profusamente en esa novela. Lloro constantemente con cada recuerdo que imagino para el personaje. Supongo que hay mucho de mí en él. Un trueno. Vierto más café en la taza, está en su punto perfecto, en tres minutos más estará demasiado frío y hace tres minutos estaba demasiado caliente. Las tostadas con la mermelada de damasco estaban particularmente crujientes. Otro trueno. Podría estar así eternamente, pero empiezo a sentir frío y el vapor de mi boca es un aviso de que no me queda mucho tiempo en la terraza. Tampoco quiero entrar, acabo de recordar que ella ya no está dentro. No ha estado hace vari...

Caminando hacia el pasado

Siempre ando somnoliento, sin importar a qué hora me duerma. Hoy caminaba a un recital muy mal organizado, lo que me hacía dudar si valdría la pena. Mientras caminaba, el clima era otoñal y el horario invernal hizo que comenzara a oscurecerse muy temprano. No recordaba haber caminado por aquella calle, pero mientras iba avanzando comencé a darme cuenta que hace unos diez años había andado por ahí de la mano con cierta mujer. No pude evitar sonreír. Era muy especial. Siempre traía su cabello largo, sin importar mucho la época, pero siempre se quejaba de lo largo de su cabello, y sin embargo hasta el último día nunca se lo cortaba. Recuerdo que caminábamos mucho y sin sentido. Muchas veces la propuse que saliésemos de la ciudad, hacia paisajes más rurales, pero nunca aceptó, siendo lo más cercano a salidas de ese tipo, cuando íbamos a parques metropolitanos, pero entre más vegetación había en estos, más incómoda lucía e incluso se ponía triste. Así que desistí y solo cam...

Tres cuentos cortos 2017

Castillo en el cerro Aún recuerdo la gran piedra en el cerro, la llamábamos piedra “resbalín” por su forma lisa, aunque nunca nos lanzamos por ella. Era firme y por eso construimos en ella. Nuestro club parecía que caería en cualquier momento, pero con la gran piedra jurábamos que era un castillo. Por diez años nuestro castillo siguió incólume hasta que la adultez no separó. Pero nuestro castillo siguió ahí, aunque sus ‘caballeros’ ahora eran pájaros, bichos y ratones. Sólo sucumbió en el verano de dos mil catorce por los incendios forestales que algún idiota comenzó. Una guerra que nuestro castillo no pudo soportar. Mall Los malls son lugares sin romanticismo. Aun así, nuestra primera cita fue en el Starbucks del Vespucio. Conversamos varías horas, aunque fui yo quien más habló. Ella asentía con gracia lo que yo decía. A veces agregaba algo, pero finalmente fue un monólogo. Aun así te quise mucho pero los monólogos me cansaron en su momento. Terminamos en la escalera...

Tiempo y culpa

- Quizás si ella hubiera tenido un trasero así, mi obsesión sería mayor. Pensó mientras el metro avanzaba y la joven a pocos metros le daba la espalda. Luego se rectificó a sí mismo . - En realidad su trasero no cambió nunca mi forma de pensar en ella. Su tiempo parecía haberse detenido en los 25, a pesar de sus 40 años, el tiempo no parecía avanzar en su mente. Cristina había muerto a los 22 y él, a sus 25, nunca entendió porque tuvo que ser ella. Hace 15 años, una bomba en un humilde kiosco en la periferia de la ciudad se llevó a un locatario de 56 años y una joven clienta de 22 años. La prensa no hizo ruido de este suceso, nadie lo publicó en un diario ni lo escuchó en la Radio. Sólo silencio. Igual fue así en la justicia, falta de pruebas y el caso no prosperó. Así, José Luis era amputado de su sentido de realidad. Hasta ahora no entendía que pasaba con él. Fue un romance breve, pero apasionado. Desde la Universidad, cuando se conocieron en el primer año ...

Tres cuentos cortos

Tres cuentos cortos que no alcancé a presentar a un concurso: Al sur de la tierra media. Cuando estoy en el sur, sueño con un mundo de Tolkien. Que de entre las nalcas surgirá un caballero de armadura y cota de malla, o que de un frondoso Canelo surgirá un elfo ágil y bizarro; o que un arrayán adquiere vida y camina junto a ents de araucaria. Por eso vuelvo cada año con la esperanza de ver ese espectáculo. Peatón Siempre critiqué a mi madre por ser mala peatona. Cruzar donde no debes y no respetar semáforos. Hasta que me dieron, gentilmente, el paso en un cruce de peatones y un bus no lo respetó y arrastró una camioneta 4x4 y un camión tres cuartos hacia mí. Salvé ileso por poco. Ya no crítico a mi madre como peatona. Suerte Ella siempre se consideró afortunada. A pesar de que su marido cayera de un puente ferroviario y muriera. Aprendió a agradecer lo que tenía. Murió al caerle un cajón de frutas de un camión en movimiento.