Caminando hacia el pasado
Siempre ando somnoliento, sin importar a qué hora
me duerma. Hoy caminaba a un recital muy mal organizado, lo que me hacía dudar
si valdría la pena.
Mientras caminaba, el clima era otoñal y el horario invernal hizo que
comenzara a oscurecerse muy temprano. No recordaba haber caminado por aquella
calle, pero mientras iba avanzando comencé a darme cuenta que hace unos diez
años había andado por ahí de la mano con cierta mujer.
No pude evitar sonreír. Era muy especial. Siempre traía su cabello largo,
sin importar mucho la época, pero siempre se quejaba de lo largo de su cabello,
y sin embargo hasta el último día nunca se lo cortaba.
Recuerdo que caminábamos mucho y sin sentido. Muchas veces la propuse que saliésemos
de la ciudad, hacia paisajes más rurales, pero nunca aceptó, siendo lo más
cercano a salidas de ese tipo, cuando íbamos a parques metropolitanos, pero
entre más vegetación había en estos, más incómoda lucía e incluso se ponía
triste.
Así que desistí y solo caminábamos o íbamos a museos o cines... pero, pensándolo
bien, principalmente caminábamos. Recuerdo que al cine solo fuimos una vez.
"Legión de Ángeles" se llamaba la película... y era muy mala. En ese
tiempo, ninguno de los dos era soltero. Yo tenía una novia con la que había
empezado hace ya varios meses, mientras que ella también tenía una novia, pero
no alcanzaban a tener un mes.
Recuerdo que la película era tan aburrida, y aprovechando el poco público
en la sala, ella comenzó hacer bromas sobre lo estúpido de los diálogos, lo
atractivo de los ángeles y, finalmente, nos terminamos haciéndonos cosquillas.
A penas comenzaron los créditos huimos.
2
Siempre nos reuníamos en alguna salida del metro, en el centro de la
ciudad, ya que a ambos nos quedaba a la mano. En uno de esos paseos, llegamos a
una plaza donde había un gordo labrador apoyado en una banca. Ella se volvía
loca cuando veía animales gordos, casi parecía burlarse de ellos, así que no
fue diferente esta vez y comenzó a jugar con sus orejas. El obeso canino no se movía
y ella reía y me hacía gestos para que fuera a jugar también yo. Obviamente, yo
no fui y solo me dedicaba a observarla y fue así que de un momento a otro, el
perro se cansó y en un rápido movimiento le lanzó un mordisco en su mano. Fue
breve, pero evidentemente doloroso. Ella corrió hacia mí llorando, afirmando su
mano herida con su otra mano. Se aferró a mí y yo la abracé sonriendo, diciéndole
“ya, ya, ya, tranquila que ya pasará, no fue nada”.
Después de sollozar largos minutos en mi pecho, se calmó, pero no se apartó
de mí. Mientras tanto, yo veía al labrado levantarse lenta y relajadamente,
estirar y luego pasar por mi diestra, a espaldas de su víctima. En un momento,
ella se alejó de mí unos cuantos centímetros, sin dejar de abrazarme, entonces
se acercó y me besó, por lo demás, torpemente, como si nunca ante lo hubiese
hecho. Luego nos sentamos en la banca donde estuviese el labrador y nos besamos
largo y tendido durante horas, hasta que nuestros labios secos no pudieron más
y la invité a comer algo.
Claro, en esos tiempos yo era un empobrecido universitario de veintitrés años,
así que tomamos unas bebidas baratas y unos completos en un carrito.
Ese mismo día, en la tarde noche, tomé el metro y fui a terminar mi
noviazgo… sin saber que al llegar, mi novia me recibiría en la puerta de su
casa y de manera fría, dijo:
“Que sorpresa que vinieras y que bueno que así fuese. La verdad, ya no
siento lo mismo por ti y creo que es mejor terminar”.
Supongo que una de las cosas que me gustaba de ella, precisamente era que,
cuando quería, era muy directa –aunque no era tan común como yo hubiese
querido. Entonces le respondí “me parece bien, a eso venía precisamente y esto
me evita las razones” le desee lo mejor y me fui.
3
Lamentablemente, ella no fue tan determinada y no terminó con su novia. Eso
hizo que dudara si seguir con ella. Pero al final, me convertí en su amante.
Recuerdo que bebimos cerveza un par de veces. Bebo cerveza desde antes de
los dieciocho años, pero nunca me emborrachaba. Con ella fue la primera vez.
Empezamos yendo a caminar como de costumbre, pero luego, al pasar por un bar estilo
irlandés, entramos por curiosidad y, mientras escuchábamos música celta en
vivo, bebimos cervezas –recuerdo que ese día dilapidé todas las reservas de
dinero que me quedaban. Al salir del bar, reíamos a carcajadas y en un momento
de impulso, la tomé y la abracé… pero algo me detuvo, algo extraño que aún hoy
no entiendo, y no la besé. Con el tiempo, una parte de mí cree que si la hubiese
besado en ese momento, hubiésemos ido más allá que un simple romance de verano.
Desde ese día, comenzó a hablar más y más de cosas que parecían extrañas.
La libertad de correr libre, sin necesidad de preocuparte del mañana, solo
preocuparte de vivir. Bueno, eso y también de su novia… no quiero recordar todo
lo que de ella decía.
Sin embargo, ella me buscaba a mí. Llamaba, me comenzaba a hablar en los
chats, incluso creamos un instagram donde subíamos fotografías de las caminatas
y de cosas que llamaban nuestra atención. Al abrir la cuenta, lo primero que
hizo, fue bloquear a su novia y a todos los seguidores de ella y a todos los
que su novia seguía. Era un juego de escondite bastante infantil, pero nunca le
di mucho asunto, mal que mal, yo era el amante, tenía que procurar no hacerme
problemas con todo eso. Claro, no sé cuánto lo haya logrado, porque poco a
poco, esta relación me agotó psicológicamente. Pase de la desesperación de
querer verla al hastío de buscarla, disfrutar estar con ella, y nuevamente
odiarla mientras me alejaba.
Una especie de adicción muy peligrosa y que, me di cuenta después, no me
dejó nada más que molestia con el mundo.
4
Fue por ella que comencé a escuchar el grupo al que iba a ver mientras
caminaba por esa calle de recuerdos. Su música aparecía en un programa de
televisión que me insistió en que viera y cada domingo lo comentábamos vía
chat. La verdad era bueno, pero lo que más me gustó fue su música, por eso
descargué sus discos y los escuchaba. Ella también era fan, pero de muchas
cosas que era fanática, dejaba de serlo de un día para otro, sin mayor reparo,
así que no sé si siguió siendo fan cuando ya no nos vimos.
La música de este programa, siempre me hacía siempre pensar en viajes, en
volar o perderse entre árboles. Su música, en el programa, tenía cierta
melancolía muy atractiva, no obstante, su música en los discos era mucho más
optimista –creo que esa contradicción me atrajo.
Llegué al recital una hora antes, no pagué una gran ubicación y después de
que, en último minuto, cambiaran a este recinto, menos cuestioné mi decisión,
porque las localidades quedaron muy difusas y, las que en el recinto original
eran muy adelante, en este nuevo y desafortunado lugar, no lo eran, así que
salí ganando.
El show fue muy bueno, olvidé el mal lugar, olvidé la hora de retraso en
que comenzara. Incluso mi somnolencia desapareció por un momento, la vida
pareció fácil por un par de horas y mi mente se sintió calmada a base de
guitarra, bajo, batería y voz.
5
¿Ella?
Bueno, un día dejó de llamar, de hablar y yo no insistí, incluso en un impulso
de molestia, eliminé el instagram –después me arrepentí de no dejar soporte de
lo que ahí publicamos. Y pasaron los meses sin hablarnos.
Un día, ya habiendo entrado al segundo semestre, terminando el invierno, me
llamó y me esperó en la puerta de la universidad.
Lucía como siempre, su pelo largo, su tez trigueña y su delgada figura.
Tenía una sonrisa melancólica, era medio día.
“¿Recuerdas que siempre hablabas de ir al campo? ¿Me llevarías ahora?” Fue
muy precipitado, pero algo en su expresión me preocupó y a la vez me sentía culpable
de no hacerlo, así que sin pensarlo demasiado, accedí. Nos encaminamos al
metro, luego tomamos un bus y finalmente la llevé a las montañas. Durante el
camino, ella me miraba mucho, sin decir nada, más callada que nunca, como si
las palabras no fueren precisas, como si quisiera grabarse mi rostro y el
momento en la memoria. Al verla así, desistí de conversar, salvo una que otra
situación que lo requiriera. Incluso, al tomar el bus, parte de las dos hora de
viaje las dormí y cuando desperté, ella observaba la ventana con la melancolía
que vi cuando estuvimos en el parque metropolitano.
Habíamos hablado de un lugar fuera de la ciudad, a una hora de donde vivían
mis abuelos.
Luego de tres horas de viajes, llegamos a un lugar florido, verde y con las
vertientes con agua fluyendo, enriquecidas con la nieve que se derretía aún más
arriba.
Caminamos en línea recta por el camino recta, alejándonos del terminal de
buses, el siguiente bus bajaría a eso de las seis, teníamos unas dos horas y
algo para estar en el campo.
Ella seguía melancólica, se apartó el camino y se internó en un campo de
pequeñas flores silvestre anaranjadas. Yo la seguía en silencio, viendo como su
cabello largo lucía más inmaculado que de costumbre.
Ya habíamos caminado casi una hora, mi espalda estaba hecha un río, cuando
el ella frenó en seco y se volteó repentinamente. Me sonrió cálidamente, se
volteó nuevamente y echó a correr, cuando alcanzó varios metros de distancia,
sin más, se convirtió en un conejo marrón con blanco que continuó su frenética
carrera lejos de mí y nunca la volví a ver.
[FIN]
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