No. No hoy.
Esto no es una proclama. Tampoco un desahogo. No será hoy el día en que piense en todo, ni al menos tenga respuestas. No es este el día donde odie conocer la realidad, tampoco donde me canse de las desilusiones. No es el momento en que recuerde tu sonrisa y tu risa pegajosa. No declarare cuanto necesito tomar, aunque sea una puta vez tu mano. No se me oirá decir cuánto deseo conversar tonterías y tonterías más serias contigo… con la única que puedo hacerlo. No sabrá, al menos desde mi boca, cuan cansado pueda estar de ciertas caras y de palabras ya reiteradas. No. No hoy. No será hoy el día en que me demuestre cansado de todo. Cansado de lo político y lo religioso; de lo inocente y lo libidinoso; de la necesidad de necesitar y de lo molesto de no lograr alcanzarlo. No será el día en que grite ¡por la mierda, quiero un abrazo! No se me verá putear a mi sombra por su mal andar y el no darme las respuestas a las preguntas que le hago. No, no hoy. ...