Regreso a casa

[NOTA DEL AUTOR: Desde ahora en más, los textos que suba son en realidad un entrenamiento para lograr textos de mejor calidad en el futuro]

Hoy trae consigo los mismos anteojos de marco plástico negro de cada día, los compró hace menos de tres meses, pero ya se acomodó al aumento que estos tienen. El vestido liso negro, hace juego con los anteojos, al igual que su labial rojo color rojo acabado mate, sin brillo y los zapatos negro tipo botines, le quita formalidad en una justa medida; su cabello castaño claro, tomado con una cola de caballo la hace lucir más sería, dejando al descubierto unos aretes de lapislázuli pequeños, muy sobrios, mientras ojea su teléfono móvil y sonríe ocasionalmente. 

En los vidrios de la caseta, se reflejaba su cuerpo aburrido en el andén, esperando como cada día que el bus abriera sus puertas para subir y partir a casa. La misma distancia, una hora veinticinco de cada noche, de lunes a jueves. Darle like a memes la mantenía despierta, porque ya estaba acostumbrada al bullicio de otros buses que entraban y salían del andén; de un hombre que solía golpear una canción irreconocible que se asimilaba a una cumbia; de los reclamos de algunas personas en la lejanía del contexto, que a veces parecían fantasmas; y; las risas de usuarios listos para subir al bus.
Veintitrés y dos de la noche y el bus abre sus puertas, ella saluda con esa sonrisa automática al chófer quien, sorpresivamente responde al saludo amablemente, lo que la descoloca un poco. El hombre que es progresivamente invadido por las canas, sostiene el billete de mil pesos, mientras con la otra mano saca el boleto previamente cortado, los cien pesos de cambio y se los entrega. Ella, antes de recibirlo, sube sus anteojos ágilmente y recibe el boleto. Rápidamente, desactiva su sonrisa artificial y camina veloz a los asientos traseros, así no deberá saludar a ningún conocido que suba, o al menos eso cree, pues está demasiado cansada para volver a activar su sonrisa automática. 
¿Cuándo fue que comenzó a sonreír falsamente? Ya no lo recuerda, probablemente lo sacó de su madre, quién solía decir «con una sonrisa se pueden calmar fieras», entonces ella también lo hacía, aunque el resultado podía variar, hasta ahora la mayoría de las veces le traía dividendos. Bueno, si es que así podía llamársele, ya que podía decir que tenía un buen trabajo, pero que no le llenaba ni un poco, la hacía pensar en la sonrisa automática, más bien era un piloto automático que solo se desactivaba en determinados momentos. 
Pero ya bastaba de meditación, se acomodó para dormir la mayor parte del camino, su cuerpo ya estaba acostumbrado al trayecto. Despertaba tres o cuatro veces en el camino, vigilante para no pasar de su casa.

Veintitrés y siete de la noche y el bus parte. Sale del terminar, está vez nadie sube en el primer paradero. Antes de la quinta esquina por donde el bus dobla, ella ya está dormida.


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