Dos cuentos cortos sobre la lluvia
Desayuno
Bajo la lluvia.
Este invierno he desarrollado un nuevo gusto: desayunar en el patio mientras llueve.
Estoy a salvo bajo el techo de la terraza, pero sentir la lluvia con un buen café y música de TOE, se convierte en un momento espacial. Si bien estoy consciente, mi mente se tranquiliza y mi pecho se siente feliz. Algo que agradezco después de las noches de desvelo.
Trabajo profusamente en esa novela. Lloro constantemente con cada recuerdo que imagino para el personaje. Supongo que hay mucho de mí en él. Un trueno.
Vierto más café en la taza, está en su punto perfecto, en tres minutos más estará demasiado frío y hace tres minutos estaba demasiado caliente. Las tostadas con la mermelada de damasco estaban particularmente crujientes. Otro trueno.
Podría estar así eternamente, pero empiezo a sentir frío y el vapor de mi boca es un aviso de que no me queda mucho tiempo en la terraza. Tampoco quiero entrar, acabo de recordar que ella ya no está dentro. No ha estado hace varios meses, pero hoy en particular me incomoda pensar en que la casa está sola. Pensar en que me gusta tanto esta casa y no quiero deshacerme de ella, pero cada vez es más difícil pagar el crédito hipotecario, obligándome a ponerla en arriendo.
Entre beber una copa de vino y dar una vuelta en el auto, escojo el auto. Quizás ese mal recuerdo se aburra de esperarme y se vaya de la casa para cuando yo regrese.
Bajo la lluvia.
Subo a mí auto, muchos odian manejar con lluvia, pero a mi me ¡encanta! Parto, luego pongo segunda, ésta calle me gusta, se ve moderna, es como carretera de descenso japonesa. Tercera. Correr cuando llueve es eléctrico, mis parpados se abren y puedo sentir la sangre correr con furia en mi interior.
No es un gran auto, pero me gusta su ronroneo. Cuarta. Se siente tan suave al doblar e imagino el agua que se levanta bajo las yantas, su suspensión no permite que los pocos baches del camino me interrumpan.
La musica ameniza todo, se mezcla con las gotas que dan contra el vidrio y techo. Quiero correr más, sé que nadie hay en la calle en días así, pongo Asian Kung-Fu Generation y acelero.
Recuerdo a M. Schumacher, ese tipo si sabía correr en pista mojada. Es mucho más bello y trascendente un paisaje cuando se le mira desde un auto en movimiento y con Understand de fondo, no hay mejor. Esta calle en "caracol", por llamarlo de algún modo, tiene un solo defecto, es muy corto... o quizás se me hace muy corto.
Las revoluciones no alcanzan a llegar y debo bajar el cambio. A lo lejos veo venir un camión con su carga. Bueno, se acabó la vuelta, debo regresar al trabajo, suena C de Toe, a todo dar y tomo está recta a la bajada, es larga, pero breve, muy similar a cuando uno solo de los dos se enamora y debe aceptar que no hay futuro.
Termina el trayecto. El semáforo avisa que a la derecha está la oficina y ese futuro incierto que no escogí.
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