Noche de carrera sin taxímetro (PARTE 2)
[Editado en 01/03/2016]
Encendió el taxímetro sin saber realmente si lo leería. Cargó bencina y partieron en su Nissan V-16.
Ella le indicó que fuera hacia el sur, quizás llegar a la pre-cordillera. Él, acató.
Las calles lucían más desiertas que de costumbre. Ella le dijo.
-“¿cual es tu nombre? ¿Tienes mujer? Háblame de ti” Mientras abría el chocolate negro con almendras. Pedro comenzó.
-“bueno… me llamo Pedro González Rivera, no tengo segundo nombre, no sé por qué. Tengo 32 años, estoy soltero hace tanto que ya olvidé desde cuando, soy profesor de historia y geografía, pero las cosas no andan bien, así que compre este auto para solventar mi vida, juntar plata para un pos grado en geografía, entre otras cosas” comentó Pedro, ella estaba muy interesada, quizás divertida.
Ella interrumpía constantemente con preguntas y Pedro respondía sin mayor compromiso, en realidad le daba igual hablar de él y su vida, nunca las sintió interesantes. Luego la mujer le preguntó si quería saber de ella, Pedro afirmó con la cabeza mirando por el retrovisor.
-“bueno, nací en Argentina, pero me trajeron cuando tenía un año, así que no recuerdo nada de allá. Mi madre aceptó un trabajo como arquitecta en la municipalidad de Nuñoa, pero nunca fue, no sé por qué, pero la pega nunca salió, así que tuvo que hacer diferentes trabajos, mientras vivimos en Maipú, hasta el 93´, cuando la contrataron como arquitecta para Paz Froimovich, ahí nuestra situación económica cambió y nos fuimos a vivir a Las Condes y según siguió mejorando, con proyectos de ella, nos fuimos a la Dehesa. Yo pasé de colegio en colegio, siendo muy buena alumna, bastante autodidacta, así que saque buen puntaje en la P.S.U y entre a la PUC a estudiar Derecho, ahí conocí a mi esposo. Él era un profesor, el era joven, pero igual me llevaba por diez años. Dejé de estudiar para casarme con él. Un gran error, han sido los peores 4 años de mi vida”. Dijo con rabia.
Le contó al incrédulo taxista los vejámenes que la sometía, “era un machista y un resentido social”, le dijo ella mientras llegaban Las Vizcachas. Comió unas papas y bebió una cerveza Corona, abrió el chocolate blanco y siguió hablando pestes de su marido.
Llegaron a Los Maitenes y ella le dijo.
-“¡ah!, yo he venido por aquí, dobla ahí y sigue hacia adentro” Pedro lo hizo, la bencina le alcanzaba.
Se detuvieron a veinte minutos de andar, en una cuesta. La luna estaba llena, hermosa como no la había visto nunca el taxista, pues desde su casa, los postes robaban la luz de la luna. Ella le dijo que se pasara para atrás y bebieran cerveza, él resignado, apagó el auto y el taxímetro, que ya marcaba más de cincuenta mil pesos.
Bebieron en silencio por un rato, mientras él comía una papa ella le tomó el hombro.
- “no te cases sin estar cien por ciento seguro de que estas enamorado, porque si te equivocas y descubres que no... que es un asco” sin saber que decir, Pedro debió la mirada y bebió la cerveza Torobayo que le quedaba.
El silencio era inquietante, Pedro pensaba si debía prender la radio, pero prefirió cuidar la batería, pues no sabía cuanto le quedaba. Cuando se dio cuenta, ella lo miraba como analizándolo, él se ruborizó. Ella acercó su cara a la de él y le dijo.
-“pagaré la diferencia si te preocupa agregar este servicio” él la miró sorprendido y ella lo beso.
Cuando Pedro reaccionó, ya estaba en frente de una mujer, con unos senos desnudos, redondos, de modelo. Besando su cara, su boca, su cuello… un frenesí perfecto, que lo guió al éxtasis que ya había olvidado. En la oscuridad estrellada de la pre-cordillera, sintió el fuego ardiente de una mujer que tenía su alma apresada, sus apetitos más libidinosos reprimidos, la fuga lo cubrió de olores irreales, sensaciones desconocidas.
La noche se hizo día y ellos estaban muertos de cansancio, pero ambos tenían cara de sentirse muy bien, según creo.
Ambos volvieron a sus puestos, en una bolsa tiraron la basura en un canasto, llegando al cruce con la carretera. Llegaron a la Dehesa a eso de las 12:30 PM,
El taxímetro estaba apagado. Antes de bajar, Pedro la miró por el retrovisor, ella se pintaba los labios y levantó la mirada para encontrar los ojos de Pedro, le sonrió, se incorporó y le dijo.
-“¿cuánto le debo?”, Pedro notó el cambio de actitud, miró hacia donde estaba la casa gigante de ella, la miró de re-ojo y dijo “estamos justos”. Ella sonrió y le dijo “pensé que dirías eso”, le dio un beso en la mejilla y bajó.
Pedro partió sin mirar atrás. Al llegar a su casa, estacionar el vehículo, vio algo en el asiento trasero, se acercó y había un fajo de billetes de veinte mil, unos ciento sesenta mil pesos y una nota que decía “Por una carrera de lujo. Laura”.
Comentarios
Me gustó E: (uy, que bueno qe dijiste Corona porque es rica XD LOL)
A ver si una noshe me desaparezco a buscar un taxista para qe me aconseje ;OOO; (oks no xD al otro día "niña fué violada por taxista calenton" [?])
Pero está muy buena la historia dsklsjd *_* te felicito :) ~
Quiero más historias de taxistas *0* !!!!