En el ciclo del castigo (PARTE 2)
A eso de las ocho y media, se bañó, había sudado mucho durante el día. Se puso el traje y tomó el auto. Estaba algo mareado y el baño no lo despejó, así que dio unas vueltas antes de ir por Lorena.
Cinco minutos antes de las diez, Fernando estaba fuera de la casa, esperando que saliera su novia. Esa chica que conoció en primero de universidad, aunque ella aún estaba en la escuela, era dos años menor. Se enamoraron muy rápidamente, ella era de hablar en futuro, mientras que él no sabía que quería a futuro. Durante un año... no, durante dos, fueron felices, viviendo una relación tranquila, sin grandes demostraciones de amor, pero ambos se sentían cómodos así.
Para el cumpleaños número veintidós de Fernando, que era en enero, Lorena andaba de viaje, en Brasil. Él fue con unos amigos a celebrar a un Pub y luego irían a una disco. El Pub estaba cerrado, así que fueron a la disco, pero él no bailaba sino era con trago en el cuerpo, entonces se quedó en la barra, bebiendo el cover correspondiente, cuando una chica le pidió fuego, él no tenía, entonces ella dijo “no importa, de todos modos no fumo, ¿cómo te llamas?...” y así empezaron una larga conversación, él quedó cautivado por la personalidad de ella, luego de un rato se fueron al departamento de ella e hicieron el amor, aunque antes de empezar él procuró decirle que tenía novia, ella sonrió y lo beso. La chica era Luisa y siguieron encontrándose. Entre Fernando y Lorena hubo sexo solo cuando él cumplió los veinticinco, esto fue determinante para mantener una relación oculta con Luisa, pero era demasiado cobarde para terminar con la primera.
Al subir al auto, Lorena solo le dio un beso en la mejilla y comenzó a pintarse. Antes de reaccionar y decirle algo, Fernando se vio envuelto en una conversación sobre el clima y de cómo era el lugar donde iban, “es una casona, con luces y DJ, barra libre, etc. Será genial” le decía, con un entusiasmo poco habitual en ella.
El lugar estaba rodeado de árboles y la casona no era tan grande como ella decía.
“Bajemos” dijo de repente, con voz seca y dura. Fernando sentía que algo andaba mal y le dijo “¿te pasa algo? Porque desde la mañana que estas como…”, no pudo continuar, ella lo miró con enojo y le dijo “solo sígueme”. Al entrar, Fernando quedó pálido. No había gente en ese lugar, solo las luces de colores que podían verse desde afuera y la música, cuatro hombres, uno de ellos su cuñado que había vuelto del servicio militar en Arica.
No alcanzó a completar la frase “¿qué pasa?” cuando fue golpeado en el estomago por el más alto de los tipos, cayendo al piso sin aire. Lorena lloraba. Su cuñado, lo tomó del pelo y le escupió en la cara y dijo “¿¡qué pasa huevón, qué pasa hijo de puta!?¿¡Cuánto tiempo creíste que podrías cagarte a mi hermana y salir ileso!?” vinieron los otros tipos y lo golpearon brutalmente, mientra el hermano se llevaba a Lorena que gritaba que se detuvieran. Al parecer, arrepentida del correctivo que le infringían al que fuera su amado novio, su primer hombre en la vida y al único que había amado.
Al cabo de unos veinte minutos, lo dejaron tirado, sonaba The Police, pero esta vez con “Invisible Sun”. El tiempo no existía, la canción era eterna. Con las fuerzas que tenía camino hacia la pista de baile, frente a los grandes parlantes, esbozando una sonrisa, se dejó llevar. Se fue perdiendo en un desenfrenado y desabrido baile. Sólo, al centro de la pista, con un ojo en tinta y el otro destruido, con lágrimas de sangre, que habían dejado de caer hace un rato… Al terminar la canción, no supo si apagaron las luces o fue él el que se apagó, pero de repente todo se fue a negro.
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