En el ciclo del castigo (PARTE 1)

[Editado en 05/03/2016]

Se fue perdiendo en un desenfrenado y desabrido baile. Solo, al centro de la pista, con un ojo en tinta y el otro destruido, con lágrimas de sangre que dejaron de caer hace un rato... 

Desde que se prendió la radio y escuchó “So lonly” de The Police, supo que sería un día extraño. Aún no terminaba la canción cuando el teléfono celular sonó y al contestar, la inconfundible voz de su novia lo saludó enérgicamente y dice algo así como “¡hola dormilón! Es hora de levantarse, recuerde que tiene que pasar a por su traje a la lavandería, luego pagar el teléfono…” y así ella continuó dándole indicaciones que él, aunque no lo demostrara su cara de somnolencia, escuchaba atentamente. 
Cuando ella finalizó, él dijo su primera palabra “¿y a qué hora te debo recoger?” su voz era más áspera de lo normal, aunque hay que reconocer que su voz no era muy linda o agradable al oído normalmente. “mmm...… recógeme a las diez” le respondió ella y agregó “bueno, nos vemos a la noche, de seguro estará genial” su voz no sonó muy animada, pero Fernando, que era su nombre por cierto, culpó al hecho de que fueran las ocho de la mañana. “Bien, nos vemos en la noche, te amo”, al decir esto, Fernando se inquietó un poco, normalmente ella respondía rápidamente un “yo igual” o un “también te amo, mucho” y frases de ese tipo, pero esta vez ella se mantuvo en silencio varios segundos, para luego agregar “me tengo que ir, bye” y colgar. Fernando se quedó en silencio durante unos minutos, sin saber cómo reaccionar ¿Era una mala señal o solo tuvo que cortar porque algo la apuró? ¿Lo habrían descubierto?... 

Así muchas preguntas lo comenzaban a invadir, cuando golpearon la puerta de su departamento. No era un gran lugar, ni muy bien ubicado, pero quedaba en un lugar tranquilo que recibía muy poco sol y como a Fernando le apestaba el sol, era ideal para él. 

“Ya van” dijo mientras los golpes a la puerta seguían. Se puso una polera de ayer, que era de las que usaba para “trajinar”, probablemente de esas poleras que fueron lindas, pero que ya están desteñidas o son esas que te regalan en navidad y que no te gustaron. Con su polera de “Escupo” azul y sus boxers blancos, abrió despacio la puerta, para ver quién era esa persona que traía tanta prisa. Era ella, Luisa, su amante. Un vestido amarillo, muy corto; su pelo negro liso y sus ojos grises, era inconfundible.

Antes de decir nada, saltó sobre Fernando, lo empezó a besar, mientras él cerraba la puerta como podía. Se fueron arrastrando, llegaron a un sillón que estaba a mitad de camino, entre la habitación de él y la salida. Con desenfreno, y gran velocidad, ella lo desnudó y ella se desnudó a medias, en realidad solo se despojó de las bragas de Hello Kitty y por el movimiento se le bajaron los tirantes del vestido. 
Era menudita, delgada, casi como si no hubiese alcanzado el desarrollo correcto, de hecho algo de eso había; sus pechos eran pequeños y puntiagudos, su aureola era simétrica con el tamaño de sus pechos, una cintura pequeña, aunque sus caderas no eran muy grandes y, a pesar de su delgadez, sus piernas eran lindas y bien formadas. Por su metro cincuenta y ocho, de verdad parecía una niña, pero tenía veintitrés años, caminando para los veinticuatro. Después de hacer lo que… bueno, había que hacer, él le preguntó “¿no que nos juntaríamos en donde siempre?”, ella mientras caminaba al baño le respondió “tenía hambre” lo miró con una risa juguetona y se metió a la ducha. Al salir, entró él y se ducho y se cambió de ropa. 

Cuando estuvieron listos partieron en dirección a la lavandería y luego a la casa comercial y así fueron haciendo todos los tramites que horas antes Lorena le había encomendado, por cierto, ese era el nombre de su novia. A eso de las tres y media comieron algo. Ella, como siempre, con emoción le contaba su día, pero él, ya un año y medio saliendo, ni se esforzaba por demostrar interés y solo comía su ensalada de zanahoria, palmitos (pocos en realidad) lechuga, espinaca, apio y pedazos de pollo cocido al vapor. Ella, por su parte, no había tocado su lechuga, repollo, verde y morado, atún, adornado con fondos de alcachofa. Era un negocio en que servían ensaladas a elección, con una carne a elección, carne blanca claro. 

A eso de las seis se despidieron. Luisa le dijo “quisiera verte a la noche”, pero Fernando hizo una mueca como diciendo “no se va a poder” y le dijo “no puedo, tengo que ir con Lorena a un lugar, hace días insiste que quiere llevarme ahí y darme algo”. La cara de Luisa se puso muy triste un momento, como quien recibe la noticia de una enfermedad terminal, pero luego volvió a su expresión infantil y le dijo “sabes que me gusta estar contigo, te quiero mucho y no olvido los hermosos momentos que hemos vivido juntos” se acercó a él, le dio un beso en la mejilla y le susurro “te quiero mucho mucho” y se alejó. Fernando no le tomó asunto, ella siempre tenía esas salidas, es más, era típico que después ella se alejaba un buen tiempo y hasta empezaba otra relación, pero terminaba volviendo igual, así que no era de importancia.

[Continua...]

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