Noche, lluvia

Nunca supe callarme cuando debi, por eso la abundante lluvia me hace presa facil de su transcurrir. Las manos en bolsillos y la conciencia nublada. Resignación , en mi mente maltrecha se repite cual obseciones, y de obseciones bastante sé. Al verme en mí interior, también descubri una tormenta, una que no deja avanzar. Llegar, subir a la cuspide donde se encuentra todo despejado, es imberosimil, ya que ruedas hacia abajo. No sé, creo que si llegue ahí fue por mis propias escusas, por negar la realidad. Creo que es un vicio social el mentirse y no admitir nuestras derrotas, nuestros errores. La niña de los ojos negros cayó tantas veces y yo solo miraba en su paciencia la caricia inocente de lo que, el que la quiere, ve, pero eso que se ve, es tan indeble y superfluo que caes en decadencia y en tormentas. Pues bien, la lluvia me tiene el pecho mojado a más no poder, me estoy resfriando, pero ¿para que estar aqui?...es tonto. ¿Me acerque tanto a la locura? Veo mis manos que chorrean lluvia y me respondo un "sí" en voz alta, pero nadie pone atención a lo que digo, solo escuchan lo que les conviene, eso también es un vicio social. Huellas de barro y agua, ese toque color café, "en blanco y negro se vería más dramatico" pienso, no sé, tengo esa mania de querer convertir todo lo que veo en una pelicula. Lo mojado saca sus garras, empece a temblar, me rio por que sé que después andare tosiendo cual tuberculoso. Miro la calle en que estaba recien mi obseción, o como dijo alguien una vez, mi demonio. Me trae recuerdos, pero eso no es raro, mi demonio siempre me a acarriado esos recuerdos y yo soy el que consume de ellos como un drogadicto consume "pasta". Bueno, como sea, sigo en pie, mojandome, quizas la lluvia calma mí propia tormenta interior. Camino. "Prohibido fumar" dice el cartel de ese café al que quisiera entrar alguna vez y, por qué no, ver que una pareja se encuentra y es feliz eternamente, por más que no crea en las eternidades. Al llegar a guarecerme a un techo de una lavanderia, pude ver un escarabajo. No era un insecto anormal, ni mucho menos, pero eso lo hacia tan llamativo. Pensé: "su vida es mucho más simple, el puede fallar y hasta morir por ello, pero no sentirá culpa, no sentirá odio ni tristeza". "La niña morena de ojos negros" pensé, " de seguro nunca se hizo estas preguntas sin sentido, quizas nunca estuvo de manos en volsillo cuestionando el hecho de estar vivo". La lluvia se detuvo, tomo el autobus, "no quiero que mañana sea otro día".

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