Mi Funeral


[Editado en 11/09/2016]
 (Sugerencia: leer esto oyendo Dragon fruit - Ent)

En mi funeral, sonaba un violín que hablaba de pétalos en el aire.
Me mostraba una ciudad apagada y de un frío gélido, que no me olía a otoño, sino que a sal de las secreciones que caen por la culpa del tiempo perdido, ese donde no se tomaron las manos o se debieron los abrazos o no se dijeron las verdades…
Como fuere, era mi funeral. Yo tenía puesto mi traje, ese de rayas que te hacía pensar, vagamente, que eras un italiano o algo así. ¿Por qué ser europeo será algo mejor que ser lo que eres? No lo sé, así es mí país y no puedo culparlos, pues viví aquí lo suficiente como para no querer soltar sus manos, aunque estas estuvieran siempre sucias.

Pero a pesar de todo, era mi funeral. Hay gente alrededor llorando, jóvenes y ancianas, incluso niños de cuatro o cinco años que nunca había visto… o quizás sí, pero no lo recuerdo. No me culpen por mi mala memoria, es que estoy tratando de recordar “La amortajada” de María Luisa Bombal… pero no pude recordarla, solo recordé esa sensación que el libro me daba, y esa sensación precisamente es esta, la que vivo –o más bien muero- ahora.
Gente llega, después de todo es mi funeral. Y le toman el hombro a mi hermana. Ella es tan linda, pero nunca lo sabrá de mi boca, porque yo soy –o era- así, yo moví el mar para que ella viera la ola más grande, hice tanto porque triunfara… lo merecía, su piano siempre se transformó en mi viento de verano. Me relaja el viento en verano.
Qué largas se hicieron las horas en mi funeral. Ya no logra percibirse esa gran tristeza del comienzo, porque dos personas se paran al lado de mi ataúd y se ríen de mis tonterías, dicen que era muy divertido por esto, aquello y lo demás, que lastima que me fuera tan joven. Sin embargo, no sentí la misma nostalgia que ellos. Para mí, era estar en la orilla del andén, esperando el metro y con mi mente en que “ojala coja asiento”.

Y así va mi funeral, yo cada vez más aburrido. Entonces, al fin, un rostro que quería ver. Esa entrañable amiga que se fue hace tanto… bueno, yo hice que se fuera, porque me atreví a enamorarme y ella, solo me veía como ese amigo que debe saber cual es su limite, pero lo crucé de todos modos y ya no había vuelta atrás. Ella, se acercó, mi ataúd no tenía vidrio, así que en un rápido movimiento que, al parecer, nadie notó, metió un MP3, sonaba “He barrido el sol”, tapó mis oídos con flores, para que nadie viera los audífonos, y funcionó.
Tú beso en la frente, “Sudapara” en mis oídos y cerraron al fin el féretro. Entre oscuridad y ruido, llegué al último lugar.
Terminó el ruido, “Mentalidad televisiva” en mis oídos… y así terminó mi funeral.

Comentarios

あいこ Aiko dijo…
Lo marco como mi favorito, me encanto... Linda forma de terminar un funeral, aunque no me gusta mucho mentalidad televisiva xDU
Pero eso, me gusto demasiadoo!
Soraya De Paz dijo…
Oh Taro, me ha encantado esta historia, muy triste, y emotiva. Está genial, me gusto muchísimo.
Eres genial escribiendo.

n_n esperaré tu próxima historia, te quiero mucho. :)

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