Te invito a bailar


[Editado en 04/09/2016]

Te invito a bailar, no sé hacerlo, pero sé que me arrepentiré sino te invito.

Te miré durante tanto tiempo y no me importaba ni de donde eres, solo tenía en mi mente “¿debo invitarla a bailar?” el miedo aún no es tan fuerte como el miedo a saber si te aman o no.
Pero te invité a bailar y en el momento preciso que la música es instrumental y lenta. Tu mirada desconfiada, me apresura a tomarte la mano cual gentleman que nunca fui.
Te pones de pie y tu vestido es como oro en tu piel morena, tus anteojos no hacen más que llevarme a tus ojos.

Caminamos a la pista. Mi repentino bamboleo te habrá hecho creer que estaba algo ebrio. No es así, es simplemente que me infartas y pienso “dios, quiero vivir mi vida con alguien así” y nuestras manos no sudan, no te inquieto… no se si eso es bueno o no, quizás sea un tipo más y que olvidarás al salir del salón… o quizás sea el chiste que tu amiga, esa bajita, usará para burlarse de ti. Luego, en un solo de guitarra, me doy cuenta que bailamos, que no he dicho nada y que no tengo nada que decir.
Casi como un tic, cuando nuestras miradas se cruzan, tú te sonríes sin mostrar tus dientes. Hago el gesto de acercarme a besarte… es una necesidad, como si llevase seis meses y ocho días sin un ósculo, sin sentir tu alma en mi alma. Pero me detengo. Sé que no debo, que no te conozco y solo estoy vistiéndote como un sueño de once meses incompleto e irreal.

Sigo bailando, esta vez, tú miras hacia el lado, como preguntándote “¿y esto cuando acaba?” eso me pone nervioso y empiezo a mirar a ningún lado.

Despierta una parte de mí, una sin miedo y te pregunta “¿tienes celular?”… ¿te das cuenta la pregunta estúpida? Vivimos en un país de diecisiete millones de personas y hay diecinueve millones de celulares en circulación, es un hecho que tienes… aunque, ahora que lo pienso… así te di la oportunidad de cortarme fácilmente con un “no, no tengo, me lo robaron”. Como sea, no lo hiciste.
Saqué mi móvil y lo dictaste… ahí pregunté por primera vez tú nombre y era… hermoso.
La canción ha acabado, tú me sonreíste… beso en la cara y aun recuerdo tu espalda descubierta.
A las dos de la tarde reacciono, la fiesta de ayer fue… tomo el celular y pensé en llamarte. La cobardía y la imagen de tus ojos profundos que me tienen en la mira me detuvieron…. “Hola, soy el chico de anoche ¿te acuerdas?” esa estúpida pregunta del que no sabe como decir “dios, me volviste loco, quiero verte ya”… “me preguntaba si quisieras tomarte algo conmigo, cualquier día, lo que tú desees” ahí creo que hice notar mi desesperación… “bueno, me avisas ¿vale? Cuídate mucho, adiós”.
Aún no hay respuesta, ya van dos días desde el mensaje y no sé si insistir, no sé si llamarte. De hecho, aún no logro creer si de verdad fui capaz de invitarte a bailar.

Comentarios

Soraya De Paz dijo…
Qué historia tan bonita, me ha encantado, es muy tierna y real. :)
Como siempre genial !! ^_^

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