Emociones con tardanza.
[Editado en 28/08/2016]
Me dijiste “que lindo sería decirlo todo la cara, que fluya como el agua, sin remordimientos… sin nada”.
Yo, fascinado con la hermosura de mi nueva guitarra, tan iluso, no reparé en nada.
Jugando con sus curvas, uñeta y cuerdas.
No la vi alejarse de mí. No, no la vi.
Usábamos la música como lazo, pero en realidad todo era tan falso.
Yo morí hablando y tú escuchando.
Al pasar de las semanas, la música se quedó apagada.
Empecé a sentir frío, empecé a ver tu silueta cada vez más lejos.
Buscando el calor, vi desaparecer el calor que me acompañaba.
Ya no vi tus manos, ya no vi tus abrazos, ya no vi tu cara de niña, ya no vi nada.
Tú despedida, hoy se ve tan falsa.
Quizás fue tan real, que no lo puedo creer.
Quizás quisiera no oírla, que la hice mentira.
La hice un sueño sombrío, irreal, difícil de entender.
Pero en fin, así fue.
Ni decir que me duele verte feliz con él.
Pero eso no es asunto mío.
Lo único mío, es mi guitarra y junto a ella abrazo esos abrazos que tuyos fueran.
La realidad de esta metrópolis pasa sin mirarme.
Yo, en silencio, miro cual espía.
Entendiendo que no logro ver quien soy.
Guiado por la confusión de haber abierto la puerta de la lejanía.
De vez en cuando, alguna epifanía apareció.
Que ya ahora no sirve de nada.
Golpeando mi alegría…
Tropezando con la idea poluta de que aún seas mía…
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