Galbana
[Editado en 19/06/2016]
Enfermo, en su cama, no hizo más que alejar a todos con su desconfianza, con su miedo a vivir. Beber de la copa ajena no era para él, pues revoloteaban sobre él millones de temores como llagas en el brazo.
Una vez un fantasma le dijo: escúchame, la luna es hermosa, sígueme, que hay a quien proteger. Pero ni una canción lo haría recorrer los ríos de la confianza y las alas del fantasma se hicieron neblina y ya no hubo más que preguntas.
Ella era tan bella, pero tan bella, que nadie más lo notó, nadie vio la verdad en ella hasta que él la descubrió y fueron felices, pero tanta belleza rebalsó el camino y el viento y la neblina los vieron alejarse y desde entonces, el odio hacia el viento lo encerró.
El reflejo azul, de un río entre árboles sagrados, era la respuesta a su temor, era su salida… pero se negó a verla y se compadece con un vaso de vodka barato.
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