Otro cuerpo.
Era todo confuso.
Imagínate a ti mismo frente a un espejo empañado, al
salir de la ducha, ese que te observa no eres tú. Pero al moverte, se mueve como
tú y se espanta junto a ti. No importaba el tiempo, cada día era así, cada día
él no era más que un extraño para sí mismo.
Pensó contarle a alguien su sentir, pero desistió de
esa idea, primero, porque no sabía si alguien le entendería, luego, si alguien
le creería y, por último, no sabía si en su mundo había alguien que realmente
lo escuchara. Así que desistió y trató de vivir con ese alguien ajeno (o quizás
era otra persona la que trataba de vivir con él).
El conflicto vivía en él desde mucho antes. A sus
treinta años se vio a si mismo sin un camino definido. Solo encontró constantes
“deberes” impuestos por el contexto, que fue superando medianamente bien.
“Debes terminar la escuela”, hecho; “Debes elegir una
carrera”, hecho; “Debes terminarla y buscar empleo”, hecho; “Debes usar el
dinero que ganas para preparar el futuro, y bueno, también puedes darte “gustos”
que te den placer”, hecho; “Debes ser feliz, buscar a alguien para lograrlo”… no
se atrevió a preguntar por qué a ninguno de esos deberes, pero el último fue el
que más complejidad representó para él.
Quizás instinto, quizás “eso” que no entendía, pero buscó
cumplir con ese “deber”, sin embargo, fue dicha búsqueda lo que más lo alejó de
su propio ser (¿o era así cómo funcionaba?).
Después de su último intento por cumplir ese deber, a
los veinticinco años, fue cuando todo se convirtió en ese espejo empeñado. Ella
rompía todo lo que en el pasado buscó. Él no era mucho de hablar, ella sí; él prefería
no socializar más allá de lo estrictamente necesario, ella sí; a él le
bastaba con estar junto a ella en silencio, sin agotar las palabras, pero ella
siempre quería hablar y saber más, más de él o de lo que fuera. En los días
lluviosos, él hubiese preferido quedarse junto a ella, sin importar en que
cama, desnudos, abrazados, oyendo música a bajo volumen para que el sonido de
la lluvia se confundiese con los acordes de Radiohead, Keane, Ent o Mono; ella,
en cambio preferiría tomar un café en algún lugar de la ciudad.
Era difícil para él entender qué había en ella, que lo
mantenía fuera de sí; qué era aquello que lo atraía hacia ella, lo llevaba
hacer lo que en el fondo no quería hacer (¿o sería quizás que sí quería, pero
el temor lo frenó?). Quizás eran sus profundos ojos chispeantes, su sonrisa
honesta o sus ganas de vivir. Fuere lo que fuere, era algo muy poderoso y
abrumador. Pero el desgaste de la pasividad que él demostró, terminó alejándola
y sin una real despedida, el despertó en una cama, en otro cuerpo, frente a un
espejo empañado.
No obtuvo respuestas de cuál era el camino que debía
seguir. Estaba detenido en sus treinta años, sin saber cuál era el comienzo, ni
cuál era el fin. Ajeno al cuerpo, usando una sonrisa mentirosa; forzando su
empatía para lograr superar sus deberes.
Una canción que
termina en un día llovioso, pero él no está desnudo, ni dentro de una cama. Solo
está en una calle desconocida, en un cuerpo que no es el suyo y en una vida que
no entiende.
[AL LECTOR: Buenas lector! la verdad es que, hace mucho que no subía nada y se debe a que trato de concentrarme en algo más grande que estoy creando, empero, ese algo también lo he ido dejando de lado y ahora las obligaciones me quitan y me quitarán aún más tiempo. De todos modos, hay mucho que leer en las entradas pasadas y espero subir más cosas breves, ya que tengo muchas ideas en el congelador. SALUDOS Y ESPERO COMENTES LO QUE SIENTAS DE MIS TEXTOS ]
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