No. No hoy.
Esto
no es una proclama. Tampoco un desahogo.
No será
hoy el día en que piense en todo, ni al menos tenga respuestas.
No es
este el día donde odie conocer la realidad, tampoco donde me canse de las desilusiones.
No es
el momento en que recuerde tu sonrisa y tu risa pegajosa.
No declarare
cuanto necesito tomar, aunque sea una puta vez tu mano.
No se
me oirá decir cuánto deseo conversar tonterías y tonterías más serias contigo…
con la única que puedo hacerlo.
No sabrá,
al menos desde mi boca, cuan cansado pueda estar de ciertas caras y de palabras
ya reiteradas.
No. No
hoy.
No
será hoy el día en que me demuestre cansado de todo. Cansado de lo político y
lo religioso; de lo inocente y lo libidinoso; de la necesidad de necesitar y de
lo molesto de no lograr alcanzarlo.
No será
el día en que grite ¡por la mierda, quiero un abrazo!
No se
me verá putear a mi sombra por su mal andar y el no darme las respuestas a las
preguntas que le hago.
No,
no hoy.
No es
el momento, este turbio presente, el que yo considere adecuado para hablar
sobre el Estado.
No,
no diré. No diré que todos los políticos son lo mismo, deshonestidad al orden
del día y la ambición ¡oh cielos cuanta ambición!
No teclearé
un cuestionamiento al hombre, ni diré que fue el hombre el que traicionó a Marx,
con su envidia y soberbia, y abrazó con ternura a Friedman, por la ambición y
el egoísmo.
No. No
hoy.
No me
quejaré de la falta de inteligencia y valentía que me posee.
No golpeare
mi cabeza contra la muralla por dejar escapar las oportunidades y temer
enfrentarme a otras miles (no diré, obviamente que entre esas, está la vez en
el metro en que no fui capaz de tomarte de la cintura y besarte).
No diré
que soy un niño que no sabe cómo madurar. No, no lo diré porque me creerían débil.
No. No
hoy… porque creo que ya lo he dicho.
Comentarios
Te felicito, un abrazo compadre de cuentos.