Café junto a Elizabeth


[Editado 18/12/2016]


Era de tarde. El clima estaba abochornado, lo que odio pues sudo demasiado. Como fuera, a las cuatro menos cuarto llegó ella. Elizabeth tría su blusa impecable, su traje me decía que era una buena secretaria que cuidaba su apariencia de sobre manera en horas de trabajo.
A Elizabeth la conozco hace años, desde que salí de la escuela. Nos topamos en el preuniversitario, desde ese momento me gustó y caí demostrando total debilidad hacia ella, aunque siempre procuré no mostrarme tan sumido en su control. Además, esto se facilito cuando –ya salidos del preuniversitario- me empezó a contar sobre sus amores y experiencias.

Con el tiempo, me hice su hombro, su consejo. Yo la ayudaba atento y honestamente y hoy dijo que tenía que contarme algo sobre Erick, el nuevo amor que entró en su vida. Según me ha dicho, está terminando psicología, es un poco callado, pero eso no le molesta a Elizabeth; tampoco le molesta que a él no le guste tanto leer novelas o escuchar a The Who como a ella, pues todo eso lo suple siendo apuesto, honesto –según ella-, caballeroso, etc. La verdad por lo que veo, el tipo no es un mal tipo, ni si quiera puedo decir si es mejor que yo o no, ya que lo bueno y lo malo de él, es subjetivo, solo en el tiempo y en el espacio de Elizabeth.

Como sea, seré paciente, reiré y fingiré alegría o tomaré su suave mano, y le consolaré, según sea el caso. Me concentraré como siempre en sus labios voluminosos, que quisiera tanto probar con delicadeza, como el más delicioso manjar…  pero resistiré estoico y cumpliré con mi parte. Ha eso me dedico, a apoyarla.

Solo unos pocos saben lo que hago, mas todos coinciden en que no debería seguir, que cuando me emborracho dejo ver mis heridas –cada día más profundas- pero aún no sé parar.

Quizás albergo la esperanza de ser el instrumento del desquite para el despecho o su yodo en la herida… no pasará, pero una parte de mí lo anhela.

Como sea, será un nuevo mocha latte junto a Elizabeth.

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