Epifanía Beatleriana
[Editado en 04/12/2016]
La guitarra negra, brillaba a ratos como si las luces del entorno danzaran junto a la música.
(cuento presentado a concurso de Mall Plaza... concurso que no supe nunca exactamente el resultado, solo se que gané un cuento en digital que no pude descarga...)
Sentado en la banca de piedra laja, pensaba en como
he andado tan mal. Digo, llevo corriendo cinco días a la semana, todas las semanas
y aún así termino tan cansado. Cero progreso.
El sudor pega la polera de Deftones a mi espalda.
La plaza, como de costumbre, está vacía. Solo los
fines de semana se mueve, con risas de niños y jóvenes jugando ping pong,
mientras hacen hora para irse de fiesta. Pero no es el caso, es miércoles por
la noche y no hay un alma.
De golpe, se corta la luz, todo queda a oscuras y no
pasa ni un solo auto. Se ven tranquilas las estrellas. No lo dije, pero estoy
en un pueblo de la precordillera de Santiago. Acá un corte de luz no equivale a
ser robado o algo así, al contrario, es relajante.
Pero no dejo de pensar lo extraño que es que no suba
ni baje ningún vehiculo por la carretera, especialmente camiones que, en mi
casa, abundan. La paz se convierte en extrañeza al notar que no solo la luz y
los vehículos se han ido. Muy pronto entiendo que todo lo cercano a la plaza ha
desaparecido. Es un gran blackout.
No se ve nada, solo la plaza hasta donde alcanza la
vista. Pero, a pesar de tan extraño hecho, permanezco tranquilo, solo agitado
por los tres kilómetros que he andado, pero observo con calma a mí alrededor. De
repente el pasto me parece de un verde más eléctrico… y no solo eso, todos los
colores se fortifican para mis ojos. De repente, una música entra en mis oídos.
El sonido de una guitarra acústica, está interpretando “Across the Universe” de
The Beatles –no lo supe en el momento, sino tiempo después- y pude oír más
instrumentos, pero en el pasto, solo vi a una mujer de largo –muy largo-
cabello como el cobre y este cubría un poco sus ojos, sus mejillas pecosas se
camuflaban bien con unos ojos color miel; sus labios eran del grosor necesario
para hacerme tragar saliva y pensar “¡cielos, es hermosa!”.
La guitarra negra, brillaba a ratos como si las luces del entorno danzaran junto a la música.
Yo le daba la espalda a la escena, por lo que el
cuello comenzó a dolerme por la mala posición, así que me puse de pie y me
acerqué. Fue la primera vez en que sus ojos miel me miraron y nació
una sonrisa subyacente. Luego la canción terminó y el aire fue lo único que se
oía. De un momento a otro nació el ‘raco’ –ese viento tibio tan característico
de acá- y se cerraron mis ojos un instante e inhale y exhale, pero no era yo
quien lo hacía, pero lo estaba haciendo, incluso sonreí. Y miré a la joven, que
sentada, abrazaba su guitarra y me miraba y sus dientes como perlas brillaban
con su alegría.
Volvió a tomar la guitarra e interpretó “Here comes
the sun”, también de The Beatles. Nuevamente oí más instrumentos que la guitarra
de la joven, pero esta vez era ella quien cantaba y su voz me recordó a un
viejo amor, uno que se fue demasiado pronto.
Luego de eso empezó a sonar “Sun King”, con las
voces de The Beatles esta vez, ella dejó su guitarra de lado y se acercó a mí…
solo sonrió con su cara de niña tierna, tomó mi mano y dejó una 'uñeta' roja que
en relieve dejaba sentir una llave de sol.
Luego dijo algo que no recuerdo y besó mis labios
suavemente y pude sentir su calor y pude volver a perderme en un blackout,
pero esta vez había campanillas y brillo…
De golpe, la estridente bocina de un camión Mack me
hizo volver en sí. Sobresaltado como conejo en persecución, me incorporé de
inmediato. Estuve de espalda en la banca, no sé cuanto tiempo… ni porqué.
Cuando salí de mi exaltación, pude ver la uñeta roja en mi mano.
“¿será esto lo que llaman una epifanía?” pensé. No
lo sabré con exactitud, porque no me dejó ningún mensaje, ya que no oí lo que
dijo la mujer de los ojos de miel.
En fin, como fuera, tenía uñeta nueva para la
guitarra. En mi mp3 suena “Norwegian Wood” de
The Beatles y creo que cogeré un resfriado.
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