Un robusto amor que desaparece
[Editado en 13/11/2016]
-Y volví a enamorarme. Hace mucho que no sentía esta sensación. Dijo Renato bebiendo de la primera botella de cerveza que se destapó. Nos aprovisionamos con una jaba y dos papas grandes y cinco paquetes de maní con merquen*… o sea, nos preparamos para hablar largo y tendido.
- ¿Tú? ¿Y no que ya no volverías a caer en esas andanzas? – se lo digo con sarcasmo, Renato suele a dar afirmaciones de las que debe retractarse posteriormente.
- Sí, lo sé. Pero –se bebe de un sorbo el vaso casi lleno que tenía en su mano. La cosa va en serio- es que no sé, me mató, el mundo se me desordeno.
“La conocí en la disco, tú sabes que por mí no iría a una disco, pero trabajo es trabajo –Renato es guardia en una disco no muy barata-, y como es mi trabajo, las clientas y trabajadoras del local, no deben interferir más allá en lo que hago, no sería primera vez que me meto en un lío o me meten en uno.
- Ya, pero no te quedes callado, cuenta, que parece interesante- dije.
- Lléname el vaso, es el precio por una historia Pancho –mientras tomaba un puñado de maní y los llevó a su boca. Yo, obediente –y curioso- serví rápido para que continuara.
- De tres a cuatro de la mañana, la afluencia desminuye, así que ahí nos turnamos con mi compañero, tomando breaks de quince minutos. Él, para fumar, yo… no sé, solo sentarme a descansar las piernas, son varias horas de pie.
“Fue en uno de estos descansos donde la vi. Pelo negro, largo y liso. Sus jeans resaltaban las anchas caderas y, claro, un trasero inolvidable… bueno, era una contextura más bien… ¿cómo te lo diría?… una contextura “acogedora”- ambos nos comenzamos a reír.
- Y le hablaste supongo ¿no?
- Pues, no. Ella me habló a mí –mi cara de sorpresa debió ser muy obvia, porque siguió- sí, para mí, también fue raro. Pero así fue.
“No hablamos mucho que digamos, ya que volví a la puerta al rato, pero me sorprendió.
“¿Sabes? –Me dijo ella- una ya no puede confiar en nadie. Ya decía yo que este mundo me tiene aquí solo para sufrir. Mi madre, enferma, mi hermana, se fue de la casa… y ahora este gran hijo de puta me engaña con mi mejor amigo… sí, el muy imbécil era homosexual y no me di cuenta a tiempo”.
“Estuve a punto de reírme en su cara… digo, hay que tener muy mala suerte… pero, y de seguro también lo piensas, ¿con qué moral haría yo algo así?
"Mi novia se fue con otra también –le dije finalmente- creo que es una marca en la frente o algo así, pero los cambios de bando, parecen ir en aumento”. Hice que se riera… ame su sonrisa, sus ojos se entrecierran de manera muy natural…
- No como tu ex, que lo hacía de manera complaciente aunque no lo sintiese… sí, también lo note.
Renato me miró sorprendido por mi interrupción, era precisamente a donde quería ir. Volvimos a reír, vaciar los vasos y comer maní y papas. Renato continuó.
-Bueno, la cosa es que después de ese breve dialogo, intercambiamos números y volví a mi puesto en la puerta. Pasaron los días y acordamos juntarnos.
“Era un café de decoración colonial. Llamarlo café, de hecho, me parece errado, pues su especialización era en té e infusiones. Pero bueno, esos detalles poco importan.
“Ella llegó veinte minutos tarde… cosa que no me gustó, no me gusta esperar. Bueno, tú sabes, siempre digo que tengo ese defecto: ser puntual. Claro, en Latinoamérica eso, es un defecto.
“En fin, ella lucía bien. Esta vez era una blusa blanca, con detalles bordados, una falda negra de tablas, pero de pocas tablas, pues –y al parecer ella lo sabía- si hubiese usado una con muchas, habría hecho que se le viese como campana, así que tanto delante como detrás –lo verifique al salir del café- se le veía bien; también traía panty medias negras, zapatos y un bolso negro que combinaban.
- ¿Y desde cuando eres critico de modas? –le pregunté riendo.
- ¿Cierto? No sé, estoy mal, debo dejar de leer Murakami.
“Pero bueno, la cuestión es que ese día conversamos harto y descubrimos muchas cosas en común… demasiadas me temo. Nuestros caracteres se contraponían a ratos. Sinceramente, no sé por qué seguimos viéndonos… o quizás por eso mismo.
- O sea tuvieron varias citas más –afirmó con la cabeza- ¿y no que no se caían bien?
- No es que no nos cayéramos bien, pero progresivamente nos fuimos quedando sin temas. Era como “que lindo es esto, sí es lindo” y fin del dialogo.
Tomé con afán el último vaso de la tercera cerveza y abrí enseguida la cuarta.
- Es decir, era lo más FOME del mundo… y aún no me explico por qué seguías viéndote con ella.
- Eso fue lo extraño. Hoy, pienso que era porque ambos necesitábamos del otro, solo de manera utilitaria.
- ¿Hoy? ¿Qué ya no se ven?
- Fue extraño, como te dije solo nos veíamos como un mero tramite. Un lugar “X”, céntrico para ambos, para aburrirnos juntos. Pero cuando llevaba varios días pensando en acabar con todo aquello de una vez… - bebió cerveza como para coger valor- un día, sin embargo, cuando hacía un viento inusual en mi casa, muy fuerte; estaba nublado y el sonido de los árboles resistiéndose para no volar. Ella llegó a mi puerta… imagínate ¡a la puerta de mi casa, siendo que nunca le dije donde vivía!
“Y lucía extraña, más fría. Quizás con la determinación de saber por qué estaba ahí. Sin decir nada la invité a pasar y nos sentamos uno frente al otro en los sillones, sin decir una palabra.
“Después de largos minutos dijo “Creo que no hay mejor momento. El día me dice que es ahora o nunca” y antes de que yo digiere o hiciese algo, se puso de pie y vino a por mí. En mi estéreo, que tenía conectado un mp3 en aleatorio, empezó al unísono con la embestida, “Me arrendé” de Los Tr3s…
- ¡Oh! gran tema para un momento así…- dije, algo emocionado ejem…
- ¡Sí! Lo mismo pensé en ese momento. Luego, ya olvidé la música y el entorno… pues, fue increíble, no recuerdo haber tenido un momento tan glorioso en una cama. Fue en esos juegos íntimos donde supe que la amaba carnalmente… ya no me pareció tan mal lo que antes odie. De un momento a otro, se hizo perfecta…
Guardó silencio, por un largo tiempo. Bebió más cerveza y mantenía postura de concentración.
- Bueno ¿y? –intente reavivar la conversación.
-Pues nada, ella no volvió a aparecer en mi vida. Se fue de la faz de la tierra. Su teléfono estaba fuera de servicio, no la encontré ni psicopateando Facebook… nada, no había rastro, ni teníamos amigos en común, así que se hizo humo.
“A ratos pienso que no existió. Que fue mi mente quien la creó. Pero… aunque así fuese, la amé, amé ese momento, amé nuestros despechos. Aún la espero.
Nos quedamos bebiendo y comiendo maní y papas fritas. Hablando de política, de la resignación del pobre, sometido al empresario ignaro; del fútbol y de los amantes de los animales… y, claro, también de la mala suerte.
* merquen: tipo de ají.
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