Epifanías de música I

[Editado en 06/11/2016]

Y así, luego de pensarlo mucho, me lanzo al interior del vagón. Temo por mí vida… es un espíritu acechante, un fantasma del que no logro escapar, ni cuando estoy solo…. Aún me reflejo en sus ojos. Pero estos están cerrados, todo lo que trascurre en mis ideas se cierra con tus ojos.
Como sea, el vagón está medianamente lleno y yo subo con mi último aliento, las puertas se estrechan y cierran detrás.
Un sudor irrefutable. La adrenalina de no subir y el miedo de estar frente a ti al unísono me convierten en una despreciable y diminuta imagen… bueno, esa imagen se ha quedado en mi cabeza desde tiempo largo, angustiado y nada sabio.

Pensé en fingir que no te vi, que el tiempo ya hizo su acto de presencia, que “¿qué demonios, estabas aquí? Vaya, no me fijé”, pero ¿Qué tontería no? Seguiría actuando y temiendo.
Me seco el sudor con un pañuelo desechable, mientras me apoyo en la puerta contraria. Tú y tu celular van conversando en la otra puerta.
No recuerdo que fueras tan pequeña, ni que tu cabello fuera tan corto. Se ve que volviste a cortarlo tu misma… y lo pintaste. Aún así, estoy mirando con los ojos cerrados… aún así no hago más que oír el contacto del tren con los rieles.

Repentino disparo sin pólvora, miras sin advertencia alguna y un hola displicente mueven tus labios y antes de responderte, ya bajaste la mirada para programar el móvil para escuchar Coldplay o The Cranberries… esas cosas que tanto te gustan a ti.
El choque fue menos violento que lo que mi sudor advirtiese. Cambio el tema en mi anticuado MP3 y Norwegian Wood me golpea a los senderos de tierra, resecos pasos pero de flora muy verde. Siento el fresco aire del momento y las nubes son gigantes. La gente no existe, solo esos que vuelan en sus parapentes, por allá, bien lejos.

El tema de The Beatles desaparece y se convierte en el tema de Mozart “Oboe concerto 1° movimiento” y las aves suenan fuerte, mi ropa… yo no soy el mismo, el olor a arbusto de barraco*, me hacen sentir ligero, hay pianos que empiezan al terminar la pieza de Mozart, me hacen feliz y también más me confunden.
Cada paso que doy en la montaña me va borrando recuerdos tan alegres y que me hicieron llorar, reemplazándolos por imágenes poéticas y torrentes de energía.

Abrí mis ojos, es la estación y debo decender. Me das la espalda mirando hacia fuera… mi alma va tan tranquila y alegre que no hago ningún esfuerzo por interrumpir tu viaje…


*arbusto aromático que se encuentra cerca de esteros y cerros húmedos.

Comentarios

FreaK dijo…
Tan pendiente de la música, de la música tan dependiente, forma y acarrea un mar de pensamientos y situaciones tan complejas... belleza.
Las personas sólo somos detalles para cada uno, algunos envueltos en papeles de regalo, algunos encontrados en el suelo... al fin y al cabo detalles...

Sigue así! mejorando! creciendo! tropezando! porfavor ^^

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