Recuerdos, canciones, resúmenes… y todo sigue. [Un gran recital]
[Editado en 02/10/2016]
En las esquinas con mis ojos voy tomando, fotografías.
Recorriendo la gran capital, ahora voy por Providencia y hay un coro de señores que le dan un toque de cultura a nuestra escapada. La prensa nos persiguió, dos canales remotos.
Yo y mi horrible polera azul, tú y tu blusa blanca.
Pedro de Valdivia se hace tan pequeño, aunque lo he caminado tantas veces, solo una imagen me importa más que el maldito calor que estoy sintiendo… es mi compañera.
Dejo ir los edificios y mis piernas se botan a paro. Pero el dolor se queda en mis adentros, el cansancio y lo que me molesta estar sudando tanto, no debes saberlo, porque solo te quiero a mi lado, sea en una banca de madera o sea caminando por la Alameda.
Mi camisa blanca y tu vestido verde en un solo abrazo, hacía olvidar el calor, hacía más hermoso ese parque y los presentes… ¿importaban? A mí solo me importaba mi compañera.
Un día fue gratis oír el espíritu de la música, me acuerdo de mis ojos acompañándote por un refresco… éramos niños tan inocentes y yo te veía tan amiga e infantil, pero el aire y tu pelo me giraron en un festival de San Joaquín.
El mundo se llena de flores al pasar por Salvador, mojados para asesinar al calor y en la cocina hay olor a flores.
Caminos perdidos con sabor ha helado, con cinturones de fuego que en un instante todo volvió realidad. Más de millones infinitos, son segundos que se perdían en los labios, las palabras fluidas como fuego de dos que buscaban crecer lentamente, sin sospechar siquiera dónde iba el camino.
Pero la inmadurez nos derrotó, siendo más tontos que pesados nos dijimos que no, nos creímos más tontos y nos alejamos.
Después de tanto, fue difícil pensar sin hablar, difícil hacerse un lugar los labios… sentado en el cielo, miraba un cerro solitario pensando en la sangre que va al corazón y viendo como el cariño se va, como agua entre los dedos.
Perdido un año, revoloteando la madurez, una sensación de vacío, rodeado, llorando por un siglo… que no se atiborra con nada… pero los hilos del sonido nos unen nuevamente.
Ahora caminando entre Caupolicanes y Víctor Jaras, entre consomés de callampas y dulce miel de arañas, entre gatos y liebres… como llegando a Jamaica.
Un día que dijo NO, un año casi exacto, lleno de temor… no había nadie más que el sol, solo volvía canción y pájaros y tu chasquilla que paralizó mi desenterrado corazón.
Se cerró y abrió la complicidad, las luces apagadas, las seis cuerdas que se hacen un solo sonido… hace tiempo sin cantar ahí y las manos se tomaron renaciendo vagamente, pero parecían no quedar días contados y tuvo fecha de distanciamiento.
Pero como toda historia, se confunde, nos confunde, idas y vueltas y un beso…
Todo se cae en pedazos y un nuevo hilo se levanta en plata… un hilo que nos trae de una huerta, recién plantada que creciendo irá poco a poco y nos traerán alegres pensamientos,
Esperando cuando ya estén florecidos, nos paremos eufóricos, como después de tres cuecas.
Eufóricos estar, mirarnos decirnos solo con vernos “ese fue un gran recital”.
Comentarios
Pienso que se escapa un poco de la atmósfera invernal (y por invernal no me refiero solo al frío y la época del año, sino también ese toque de tristeza) de tus otras historias. Tal vez porque he caminado por Pedro de Valdivia y me quedé con el calor y los tonos verdes de la escena. No sé, pero me gustó :3