El sonido del viento
Las calles son siempre grises en la soledad de la madrugada.
Siete treinta y el centro de la ciudad está lleno de gente que corre afanosa,
rabiosa por fines que solo ellos comprenden y que según yo, no valen el dolor
de cabeza.
No tengo soluciones para ofrecerles, pues no las tengo ni
para mí.
La vereda se ve muy amplia en invierno y muy angosta en
verano. Odio que eso ocurra, ya que no se puede escapar del mal humor de las
personas… bueno, en realidad estoy preso en mi propio humor. Ya ni consumir me
satisface, creí inocentemente que comprando muchas cosas sería feliz, pero no
ha sido así, desearía profundamente escapar… donde sea.
Los miércoles son días que tienen un mal sabor para mí.
Saber que queda aun la mitad de la semana, lo hace el día más lento de los siete,
pero como no tiene la ansiedad que encierra un viernes, por lo menos el tramo
laboral es menos punzante. Aunque mis viernes no son de happy hours, una
enfermedad al estomago me obligó a ser abstemio antes de los diecisiete, y
salir sin poder beber, hace que la velada pierda mucho, pues mis compañeros de
“parranda” son buenos bebedores, así que son más comunes los sábados de asado
sin alcohol con otro grupo de amigos.
Aún así, era miércoles y el metro, como de costumbre, estaba
repleto. Me bajaba en una estación diferente esta vez, pues debía ir a buscar
unos papeles para un diplomado de mi especialidad. Fue en la estación donde
acostumbro a bajar, y donde baja la gran mayoría, donde ella subió.
Fue inmediato, la miré de pies a cabeza y en el mismo
instante supe cuanto me gustaba, aunque también pensé que no habían muchas
posibilidades de congeniar, aunque la simple forma de vestir no me daban
señales de aversión, al contrario, me gustó, sin ser nada erotizante según
percibí. Su pelo era muy negro y parcialmente ondulado, sus ojos pequeños, casi
orientales, su figura era bastante delicada y, a decir verdad, carente de
voluptuosidades. Quizás fuese el abrigo beige el que condujera a esa sensación,
pero aún así, las voluptuosidades eran innecesarias en el conjunto que ella
significaba como total.
Fueron dos estaciones de percepción y análisis, que trataron
de ser disimulados.
Llegue a mi destino y baje. Salí de la estación sin mirar
demasiado a mí alrededor, raudo quería acabar con el trámite. Al volver, me
quede pensando en ella. Fue raro por que nunca un encuentro así me había durado
en la mente más de media hora y con suerte, pero esta vez estuve toda la mañana
pensando en ella.
Ya el trajín del trabajo, me hizo no pensar en ella y la
olvide durante varios días por completo.
El último sábado del mes, no fue de fiestas o algo, por
ello, me anime a salir a caminar. Como era algo que a los alrededores de mi
departamento hacía normalmente, opte por ir a otro lugar. Recordé cierto parque
en el centro al que no iba hace muchos años, así que lo elegí como destino. Al
llegar, me pareció seguir igual, hasta podría pensar que era la misma gente de
hace cuatro o cinco años.
Recorrí el lugar con calma, casi de manera espiral, desde lo
más externo al interior. Habían, como antes, muchas grupos bailando, otros con
ropas muy parecidas, algunos andaban en patines y, finalmente, muchas, pero
muchas parejas. Quizás fuera tema de enfoque, quizás yo vi más por andar
paseándome solo, pero me dio esa sensación.
Un determinado segundo, algo llamó mi atención, era una
discusión. No la vi así al principio, pero después de varios segundos, una
encolerizada mujer, lloraba y reprochaba cosas que no escuche. Me puse a mirar
disimuladamente, apoyado en un árbol, mientras habría mi botella de agua
mineral con gas, sé que es más dañina que la sin gas, pero me gusta más.
La escena acaba con un tipo que se va refunfuñando y ella,
de espaldas a mí, parecía no moverse, no respirar.
Luego de un sorbo a mi botella, puedo darme cuenta que la
mujer tiene algo particular, algo que me llama la atención. Con un lento
razonar, creo que la he visto antes. Luego de largos segundos, al fin se voltea
y sus ojos brillan como símbolo de un llanto que acababa de dejar rastros de su
reciente paso. Note en ese momento que sus cosas estaban repartidas en el suelo
y entre eso, una guitarra y su estuche. Se sentó en el suelo y la tomó y empezó
a sacar sonidos de esta. Desconozco cuales fueron, pues me quede escuchando mi
propia mente.
Su pelo se deslizaba por su hombro y hoy parecía más liso
que la vez que la vi, por eso me costó reconocerla cuando estuvo frente a mí de
espaldas. Luego levanta su cabeza repentinamente, me mira y entiendo que ha
descubierto al espía, por lo que emprendí la marcha para evitar alguna
represalia.
Salí del parque, pensando y pensando en lo sucedido. Casi
sin brecha, una y otra vez repetí la imagen en mi cabeza. Arme una historia
completa. Algo así como que ‘él era su novio y la había engañado, entonces
terminaron… pero no tendría sentido teniendo sus cosas en el suelo, entonces
pudo ser que fue una pelea repentina y que resultó como estallido de algo que
venía arrastrándose hace tiempo… o quizás, solo eran amigos que discutían por
algo domestico y que se empeoró, pero quizás después iba a estar bien…’ y así
muchas hipótesis que me llevaron a casa y solo se detuvieron cuando salí de la
ducha y abrí una botella de leche chocolatada. Ahí vi que esta mujer me estaba
volviendo loco y estúpidamente… pero ¿qué debía hacer? ¿Debía volver al parque
y buscarla o dejar todo como una extraña anécdota? Al final, opté por ver una
película y dormir.
[continua...]
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