Fluir de las respuestas que no llegan
[Editado en 07/08/2016]
No sé qué tanta cerveza tomé, solo sé que rompí un record personal, porque luego de la cuarta botella de litro, vi muchas botellas pasar por mis manos.
De fondo La Renga mueve el humo de los cigarros con “El rebelde”, hace años atrás, ese tema me recordaba a una persona… pero en estado de intemperancia, pasa como un recuerdo fugaz.
Mis acompañantes pasan de tema en tema. Hay de todo: 'la filosófica', 'la reventada', 'el hippie', 'el futbolero', 'el metalero', 'la piola', hasta 'el multitema', en este caso yo, un huevón que sabe un poco de hartas cosas, entonces se conecta bien con lo que se hable. Pero de un tiempo ha esta parte, dejé de ser ese que se acopla tan bien. Tiene que ver con que me estoy conociendo, que empiezo a vivir por mí.
No hace mucho, en una de mis caminatas sin destino, recibí un SMS de la Lucia, esa amiga loca que a veces le baja la necesidad de verme. Contrario a lo esperado, pocas veces acudí a sus llamadas. Con personas así se huele el fatalismo que puede llegar. Pero ese día, la carne me llevó y no puse mayor resistencia. Ella es genial en la cama, no tengo idea cual ha sido su preparación, pero sabe hacer que uno quede extasiado.
Cada vez que terminamos de tener sexo, ella me ofrece una Corona o una Stella Artois y es la mejor manera de empezar y terminar un acto sexual para mí. A ella le traigo bombones de avellana, eso siempre parece dejarla muy feliz.
Pero esta vez, yo me la quede mirando en silencio. Desnudo, sobre mi abdomen. No tenía palabras en la boca, solo en mi mente, solo me preguntaba por qué era yo el que estaba en su cama y no alguien más. Alguien que gustase de The Doors y el tequila; que trabajara pensando en comprar una nueva chaqueta de cuero. En su lugar estaba yo, cada vez más miope, cada vez más monotemático, pues del gimnasio iba a la U, de la U a la pensión, y luego repetir el ciclo.
“Estas raro hoy” me dijo, justo antes de que sonara su celular y caminase al baño para hablar algo privado, vaya a saber uno con quien, por lo demás, aproveche el momento para irme sin tener que decir adiós.
Los encuentros sexuales era tema cuando bebíamos cerveza, sin embargo yo no contaba los míos, me gustaba que aún la mayoría creyera que era casto o que con suerte había tenido sexo una vez.
Me contradigo mucho. Es así que prefiero las noches de verano cuando estoy alegre, siendo que odio el verano, y las de frío invierno si quiero lograr estar feliz. Y esa noche, luego de beber, era de invierno, pero no estaba realmente fría.
'Let them talk', el disco del actor que personifica a House, me acompaña canción a canción en mi caminata confusa.
Bajo un árbol con hojas secas había una pareja. Él era alto, pero muy delgado. A pesar de la ropa invernal, se lograba distinguir su delgadez; ella, baja, traía un abrigo rojo oscuro, o lo que llaman “conchevino”; su pelo liso con un cintillo claro –la noche no me dejó distinguir bien el color- me hacía pensar en un vestuario de los sesenta o setenta. Yo me senté como si quisiera marcar un número en mi celular, solo para ver que hacían. Se quedaron largo rato abrazados, el viento frío que corrió, me hizo sentir muy bien, el olor a hojas secas y pudriéndose, me sacaron una sonrisa, pues pensé en el momento, que algo tan simple como sentir el viento, el olor del otoño y enfriar mi cuerpo después de caminar me alegrase y causase tanto placer, era algo tonto.
La pareja se tomó de la mano y fueron caminando. En mi embriagues, no noté que había dejado el celular de lado y me les había quedado mirando hasta que se fueron, después pensé “de seguro los asusté”.
El viento, la gente y esas cosas, me parecen cada vez más hermosos de ver, pero no sé si de vivir. El temor de salir dañado creo que a uno siempre lo detiene… pero ese temor, si llega a paralizar una vida, dejas de vivir.
El viernes siguiente, fui a beber, pero esta vez fue un café, fuera de la estación del metro, al lado de “El castillo del libro”. Originalmente iría solo, pero se me pegó una compañera que se ha esmerado en acercarse a mí, ni idea por qué, sobre todo considerando que con suerte sabe mi nombre, pero vez que me ve dice “me haces reír demasiado”. A la larga, no fue malo que me acompañara, el café incluyó pastelillos que yo no hubiese podido pagar.
“¿Por qué tomas café aquí?” me preguntó y le respondí honestamente que fue algo que me nació y venía pensando en hacerlo desde hace dos o tres días. “Me gusta eso de ti, como que no piensas demasiado las cosas”. Yo solo sonreí, claramente hago todo lo contrario.
“¿Qué te hace feliz?” le pregunté, luego de un largo silencio, cuando los temas se habían agotado. “Bueno, nunca me lo había preguntado” -me respondió jugando con la cuchara en el café- “Creo que conocer… sí, conocer”. Creí haber entendido, pero por las dudas le pregunté a qué se refería y respondió que le gustaba conocer cosas nuevas, sabores, libros, gente, lugares, música… quedé perplejo cuando dijo “De hecho, entré a estudiar esta carrera porque no sabía de que iba, entonces despertó mi curiosidad y hasta ahora he andado muy bien, me está gustando mucho”.
No sabría decir si es una buena o mala respuesta, porque en cierto modo, me pasa igual, aunque supongo que soy más temeroso y menos aventurero que ella.
Después del café, nos despedimos y apenas llegué a casa, fui a correr. Decidí agotarme en sudor esa noche, así que corrí sin parar más de una hora y me bañé en sudor y mi contexto se tiñó de “Winter” de Shocking Lemon. Correr me despeja tanto, correr me hace entrar en mi propio cuerpo y preguntarme si debería seguir o no… y mis jadeos se hacen furia y me responden que sí y no paro hasta que mis pies son como dos pesadas rocas que debo arrastrar. Luego de estirar mis músculos, me siento ligero, mis interrogantes desaparecen hasta otro día.
Comentarios