Diego, capitulo 2: "el encuentro"
Trabaje un año en ese restoran, cuando por razones de trabajo de mi madre tuvimos que cambiarnos. Llegamos a un departamento que era más grande que la casa donde estabamos antes. Esto no se me hacía comodo, ya que me sentía más solo que antes, por lo que salía mucho. Desde los 14 años que he trabajado, no por una verdadera necesidad económica, sino más bien por crecer. No sé de donde lo saque, pero recuerdo que dijieron que el trabajo te hace madurar y fue en su busqueda. En esta nueva casa, había mucho menos ruido que en la anterior, eso no me gustaba, siempre le he temido al silencio, así que para no ser presa de este, salía a caminar. Muy serca del departamento hay un río, de un caudal bastante considerable. No es limpio, pero es curioso por que a siertas horas del día se ve como gris, el brillo del sol le da esta característica. Siempre me sentaba a escuchar el caudal solo. Mi mente vagaba recordando aquellos encuentros que tuve con esa mujer, era raro por que mí cuerpo, de algún modo, deseaba volver a probar esas sensaciones. En esos pensamientos me disolvía, cuando apareció una chica. Se veía muy mal, no debía tener más de 16 años o menos, en este momento yo tenía 19. Llegó corriendo a la orilla del río, se detuvo al borde de este, lo que me asustó y me acerque a ella por miedo a lo que fuera a hacer, pero repentinamente se derrumbó de rodillas en el cesped y empezó a llorar. Yo nunca me había a enfrentar a una situación así, aunque se he consolado a muchas mujeres llorando. Dude si acercarme o dejarla sola, pero al final decidi acercarme, creo que no me notó debido al ruido del río por que cuando me acerque ella saltó del susto, lo que detuvo el volumen del llanto por lo demás. Le ofrecí un pañuelo desechable que tenía en el bolsillo, lo aceptó con mucha inseguridad y le pregunte si se sentía bien, respondio que sí "no te preocupes, no vale la pena que alguien se preocupe por mí". Su respuesta que dejó perplejo, ella se valoraba muy poco y claramente se culpaba de todo, o lo que es peor, la culpaban a ella otros. Le pregunte su nombre, me dijo Paulina y yo le dije el mio. Decidi desviar su atención del llanto y, como ninguno de los dos decía nada después de presentarnos, empece a hablarle de las sensaciones que me producía el río "ese color gris me produce inquetud, me da algo extraño el no poder ver nada y que solo se distinga el color plata que ciega al que observa", mientras decía esto, miraba al río, pero al terminar la miré y ella me observaba, más bien, me analisaba. "Yo también pienso así, el río siempre lo imagino como una serpiente gigante que solo pasa indiferente, sin importarle una pisca quien le observa y majestuozamente brilla para quien se atreve a verla...¡oh, perdón, ya estoy hablando tonterias!", dijo sonrojada. Sinceramente, su historia me pareció interesante, aunque un poco infantil, pero supongo que se debe a que ella se ve muy niña. Yo sonrei y ella se sonrojo, entonces le pregunte si vivía cerca de aqui y me dijo que sí, que desde que nació había visto el río, entonces me preguntó si era nuevo, por que nunca me había visto, le dije que sí y que no llevaba ni dos meses en esta ciudad, entonces dijo que ella me podría enseñar algunos lugares interesantes y ese tipo de cosas, yo acepte con una sonrisa. Mi telefono sonó en un momento extraño, de rotundo silencio en que ella y yo nos miramos a los ojos y nos quedamos así un buen rato. Era mí madre, quería que me fuera a casa, llegaba del trabajo y no le gustaba comer sola. Sin darnos cuenta, Paulina y yo estuvimos más de tres horas, aún no estoy seguro de por qué el tiempo fluyo sin decirnos...
[CONTINUA]
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