Un contrato (primera parte)

[Editado, profundamente, en 17/01/2015]

Ese día tome el bus tan despreocupado, que no vi a nadie a mí alrededor. Siempre me he aburrido en el colegio. Mis padres se separaron ya hace mucho, yo solo tenía 5 años, ahora ya tengo 17 y la vida no se me ha ido volando. 

Entre la casa de mi abuelo materno y la de mi abuela paterna, no he sentido la imagen de un hogar al que pertenecer, salvo un lugar. 
Mí padre desapareció de mí vida, dicen, aunque en realidad nunca existió. Yo lo recuerdo borracho en el baño vomitando y luego armando sus lineas de cocaina para seguir bebiendo, y mi madre lo soportaba así, soportaba los engaños y las groserías. Sorprendentemente nunca le levantó la mano, según sé, en este tipo de relación enferma es común los golpes. 

Mi madre no se ha vuelto a casar, y con justa razón, hace algunos meses me confesó que era lesbiana, que amaba a una mujer y que entendería si yo la odiaba o quería hacer algo en su, o mí, contra. Pero no. Esos sentimientos no pasaron por mi mente, ni siquiera me importó su declaración, ahora uso eso a mi conveniencia, me controlan mucho menos. 
Sino he sido un delincuente o un suicida, debe ser por genética. Mí padre nunca se comprometió con nada realmente, siempre escapó de sus problemas, su padre dejó embarazada a mi abuela y desapareció para siempre. Me parece curioso ver que eso a mi abuela no pareció afectarle, supongo que estaba muy ocupada sobreviviendo y dándole todo a sus tres hijos. 

A los seis años me fui a vivir con mi abuela paterna, yo ya pasaba allá desde antes, ahora solo se hacía oficial, era su nuevo hijo. Me enseñó a ver la vida de otra forma, casi me sentía comprometido con la vida e incluso creía en las personas y era empático. En cuarto básico fui elegido "el mejor compañero", algo impensado actualmente. Me hice muy dependiente de mi abuela. No me importaba no ver a mi madre en varios días, solo me bastaba estar con mi abuela. Pero el día más oscuro de mí corta vida, llegó un tres de enero, a los doce años. Mí padre volvía después de años sin saber de él y volvía para pedirle dinero a mi abuela, en una calurosa noche. Estaba muy desesperado por droga, así que insultaba a mi abuela para que le diese dinero, ella no lo hizo y lo echaba, hasta que él perdió el control y la empujo, ella al caer se golpeó la cabeza y nunca más se volvió a poner de pie. El cobarde drogadicto huyó, días después de la muerte de mi abuela, fue encontrado colgando de un puente, sin vida, sin nota suicida y oliendo a vino barato, como toda la vida. Desde ese año,empecé a ir de un lado a otro. 

Magdalena, mi madre, nunca supo vivir o ser madre, por eso no creo en el "instinto maternal", así que la mayoría de las normas de crianza que tengo, fueron por parte de mi abuelo materno y mi abuela paterna. 
Por varios años, estuve muy confundido, no podía confiar en nadie, pero no quería convertirme en mí padre. Así que decidí la soledad como camino, el silencio como opción. Nunca volví a llorar o reír honestamente. Pasaba en la escuela, pero no estudiando, solo leía historietas y libros de cuentos y novelas en la biblioteca.
En el barrio, no conocía a nadie, pero todos conocían mi oscura historia, así que siempre saludo a cuanta gente me salude, me molesta hacerlo, pero no es su culpa, así que les respondo amablemente. 

Entré a un nuevo colegio a los catorce años y aquí he pasado mi enseñanza media. Desde los quince que se me empezó a acercar una chica y como siempre, culpé a la lastima y a la curiosidad. Comencé a disfrazar mis asuntos y pensamientos al alero de una cara sonriente. 

Casi no hablo, pero el leer tanto, me lleva a opinar continuamente en clases, así que creen que soy solo un "mateo" poco sociable, sin reparar que mis notas son comunes e incluso bajo al promedio. Ximena, la niña que se me acerca, es curiosa. Da la idea de ser muy alegre, preocupada por el futuro y, por sobretodo, muy fuerte. De hecho, nos conocimos en una discusión en que yo era el blanco de cuestionamientos e insultos, que yo no respondía, por que nunca he seguido las peleas, odio la violencia, aunque se crea necesaria a veces. Ella saltó de su asiento y abofeteó a un compañero que dijo irónicamente: 

-"Ya, dejemos al alma en pena, si es un maricon traumao´ que no dirá nada". 

Las palabras eran fuertes, pero a mí me dan igual, después de todo, algo de trauma hay y no me interesa negarlo. Ella no le dijo nada más, solo el golpe, silencio sepulcral; el golpeado iba a reaccionar, pero entró un profesor que había estado observando la acción en silencio, y parsimonioso se acercó al sujeto conflictivo y le dijo: "acompáñeme". 

De ahí en más, nunca se supo del agresor, al parecer ya tenía muchas acumuladas y se le traslado a otro colegio. Después de ese incidente nadie se metió conmigo, creo que sabían que no respondería. Ximena fue la excepción. Ella se acercó y me pregunto varias veces por qué no respondí, yo le decía que no valía la pena y no hablaba más. 

Ximena hablaba poco de su vida, solo se le escuchaban comentarios como: "si yo fuera la mayor", o, "ufff.., ¡odio tener solo hermanos hombres!" Así que un día le pregunté sobre su vida y sus reclamos. Ella me dijo que era la menor de tres hermanos, que pudo tener una hermana menor, pero esta murió a los pocos meses de nacida. Nunca hablaba de su madre, solo de su padre, y por como hablaba de él, lo quería mucho y siempre estaba pendiente de él, de ayudarle a llevar la casa y todo eso. 

A comienzo de tercero, ella y yo, empezamos a almorzar juntos. Pasó a ser un ritual que ninguno de los dos estableció, solo se dio. Muchas veces yo no traía almuerzo y ella me regalaba del suyo, hasta que un día que volví a olvidar el mío, dijo: 

-"No traigas más sándwiches, yo te traeré almuerzo. 

Esto terminó por afianzar el ritual de comer juntos siempre. Cuando se daba la situación de que ella faltase, yo debía arreglármelas y comprar algo en el kiosco. Y cuando yo faltaba, ella se enojaba conmigo al otro día por dejarle plantada, incluso a veces cuando le avisaba que faltaría, aún así, su cara era otra. 

Siempre me pregunté de donde sacaba tanta energía o por que hacía tantas cosas locas. Siempre usaba palabras compuestas de un "nya" e incluso el nya por si solo también tenía su función, después me explicaría que ella era fan de la animación japonesa y me haría ver series con ella, las que no me parecían malas, pero que no me volvían tan loco como a ella. 

La primera vez que fue para mí casa, debíamos hacer un trabajo para el colegio y decidí que nos reuniríamos en mi casa. Aquel día fue gracioso, andaba muy nerviosa, mucho más callada de lo normal. Se topó con mi madre y mi abuelo, ellos son muy amables y corteses, y el abuelo es de reírse mucho y bromear. Era inevitable que nos relacionara como "pololos". Yo ya imaginaba que lo haría, así que me daba igual, mientras que Ximena estaba roja y miraba al suelo sin saber que decir y solo reía. Trabajábamos bien, avanzamos siempre rápido cuando tenemos que compartir trabajo. 

Luego, casi a la semana siguiente, ella me dijo que quería que fuera a su casa, invitación que esquive, no quería estar con ella sin motivo. Pero el destino me jugo una mala pasada y ese mismo día apareció un nuevo trabajo y tuve que ir a su casa unos días después. Ese día, ella estaba un poco rara, como ida, estábamos solos en su habitación, su padre trabajaba y sus hermanos ya hace rato no vivían ahí. Era mucho el silencio, así que le pedí, cuidadosamente (o eso intenté) que me contara que le sucedía. Ahí fue donde todo me dio un vuelco. Me contó que era el aniversario de la muerte de su madre. La madre de Ximena cayó gravemente enferma después de la muerte de su bebé, o sea, la hermana pequeña de Ximena; su madre cada vez se fue deteriorando más, hasta que un día se fue en un sueño. Esto la golpeó profundamente, ella solo tenía nueve años. Fue ahí donde entendió que debía tomar las riendas de la casa, para apoyar a su padre que había recibido dos duros golpes. 

Todo lo anterior me lo contó llorando, abrazada a mí. Mí corazón latía desbocado y solo reaccioné a acariciar su cabello en su relato. Cuando acabó, solo dije lo primero que se me ocurrió: 

-"Tranquila, no te sobresaltes tanto, todo está bien, puedes confiar en mí". 

Palabras que ignoro si eran las indicadas, pero solo eso se me ocurrió.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Un contrato (segunda parte, final)

El Caballero y el Dragón.

tomando palabras sueltas de canciones, más imaginación, resulta...