Temor a un deseo
[Editado en 25/09/2016] Y no era relevante, solo sentarse y esperar. El problema fue darse cuenta de que no tienes mierda idea lo qué estas esperando. Un par de mujeres ríen estrepitosamente y yo me imagino de lo que hablan, me es fácil inventarme historias cuando estoy sin música en mis oídos, de estar con mi mp3, me pongo a soñar en ese artista frustrado que llevo dentro. Pero sin música, miro en rededor y me invento sus mundos. Fue así que vi a estas mujeres empezar hablando de zapatos y ropa, pero al escuchar “na’h pero el huevón se gana que lo gorree” y su amiga que estalla en risa, hizo que la historia me la hiciera ver como un despecho con patas, un titiritero sombrío. Ahí espabilé, estaba siendo muy prejuicioso y me prometí a mi mismo, hace unos meses empalagosos, no enjuiciar y no ver solo lo oscuro de la gente y, en el peor de los casos, dejar de verlos antes de escupirles mi odio. A la larga, es me hacía peor a mí. Una mujer de unos veinte y tantos...