El sonido del viento
Las calles son siempre grises en la soledad de la madrugada. Siete treinta y el centro de la ciudad está lleno de gente que corre afanosa, rabiosa por fines que solo ellos comprenden y que según yo, no valen el dolor de cabeza. No tengo soluciones para ofrecerles, pues no las tengo ni para mí. La vereda se ve muy amplia en invierno y muy angosta en verano. Odio que eso ocurra, ya que no se puede escapar del mal humor de las personas… bueno, en realidad estoy preso en mi propio humor. Ya ni consumir me satisface, creí inocentemente que comprando muchas cosas sería feliz, pero no ha sido así, desearía profundamente escapar… donde sea. Los miércoles son días que tienen un mal sabor para mí. Saber que queda aun la mitad de la semana, lo hace el día más lento de los siete, pero como no tiene la ansiedad que encierra un viernes, por lo menos el tramo laboral es menos punzante. Aunque mis viernes no son de happy hours, una enfermedad al estomago me obligó a ser abs...