Entradas

Mostrando las entradas de marzo, 2010

La ultima oportunidad (Parte 3, FINAL)

[Editado en 08/05/2016] Ella no apareció hasta cuatro días después del funeral, excusándose que extravió su celular y que la universidad la absorbía y por eso no supo nada. Yo… le creí. El domingo de la primera semana, su ex compañera de departamento -lo había dejado debido a problemas económicos-, me vio en un mall me saludó y dijo “supe lo de tú viejo, lo lamento, debe ser horrible que todo se te venga encima de una vez”, yo le agradecí y nos bebimos un café. Estaba muy alegre mientras hablamos, hasta que le pregunté por Marcela, si se veían o no. Su cara cambió, de repente bajó la mirada y dijo “¿cómo puedes preguntar por esa, sobre todo después de lo que te hizo?”. Quede frío… ¿lo que me hizo?... no comprendía que quería decir “¿a qué te refieres?”, le pregunté. “¿Cómo que a qué me refiero? Termina contigo después de engañarte de esa manera, no sé como estas tan tranquilo…”, “No hemos terminado, no me ha dicho nada”-le respondí serio, molesto. Ella no sabía que dec...

La ultima oportunidad (Parte 2)

[Editado en 01/05/2016] Ese día fui a su departamento, lo compartía con una amiga, la que se sorprendió al verme, entonces ella se limitó a decirle que era un amigo.  Marcela y yo trabajamos hasta las siete de la mañana y, modestamente, quedó genial el trabajo, mejor que antes quizás. Ese día, por suerte, no tenía clases, así que al llegar a casa, dormí hasta las cinco de la tarde, luego me bañé y estudié solo por tres horas y volví a dormir. ¡Ah! Por cierto, ella me pidió mi número de celular, así que, no fue tan grande la sorpresa cuando recibí un sms de ella diciendo que se sacó un 6,8 en la maqueta, lo que me alegró.  Esa vez, salvé el examen y los otros cuatro que di. En vacaciones de invierno de ese año, no salí a carretear la primera semana, fue raro, andaba con la cabeza en las nubes. En mis sueños aparecía esta chica morena, de pequeñas orejas y grandes ojos, un mentón puntiaguda, unas paletas que resaltaban más que sus otros dientes, sus manos pequeñas d...

La ultima oportunidad (Parte 1)

[Editado en 25/04/2016] Ya era muy tarde para mí. No había ninguna esperanza en el corazón. Si alguna vez hubo buenos sentimientos, esperanzas y sueños, se esfumaron con el sonido del revolver percutido en mi sien. Ya no eran seis, eran cinco las balas que quedaban. Pero a mí, eso ya no me importaba. No importa si fue hoy, mañana o ayer. No lo sé, no me considero inocente… pero… ¿tan malo fui para merecerlo?... Viví durante veinticuatro años en la misma casa. Mi padre quedó cesante por un problema a la espalda, casi invalidante, así que lo jubilaron. Mi madre nos sostuvo desde entonces. A los dieciséis, ella se fue con un taxista. La volví a ver a los veintidós, ni la salude. En la escuela, siempre fui conflictivo. No me interesaba estudiar, así que me dedicaba a jugar fútbol y conseguía quien hiciera mis deberes. Después de repetir primero medio, me calme, no me hice un genio, pero no volví a repetir un grado. En segundo medio tuve mis primeros noviazgos, aunque ningu...

El final perfecto

[EDITADO en 10/04/2016] La ciudad nos parece devastada, como futurista y de ciencia ficción. Pero no, nada de eso, es un lugar común.  En las paredes están llenas de propaganda política de años atrás, además de estar rayada encima con sprite de mala calidad que con agua se derrama. El aroma del lugar, no es mejor que su aspecto. En sus esquinas hay mujeres, con cortas minifaldas, fumando cigarrillos. De vez en cuando se detienen autos, no muy grandes ni lujosos. Ellas se acercan a las ventanas, hablan un poco y muchas se suben, otras solo vuelven a la esquina a prender otro cigarrillo.  Un hombre, alto, muy delgado, que va formal, como saliendo de la oficina, entra a uno de los bares que ahí son abundantes. Debe esquivar a dos hombres que llevan a un tercero en claro estado de embriaguez, gritando groserías. Lo botan en la vereda y lo patean hasta que solo se queja. El hombre alto, ni siquiera vio esto, pues solo esquivó y entró.  Se sienta en una mesa. E...

Cadencia después de un trago amargo (parte 3, final)

[EDITADO en 03/04/2016] Ella, muerta de la risa le dice “¿y yo?". “Hace lo que quieras” le respondió él sin mirarla.  La música se apagó, al igual que la luz, pero tan borracho estaba él que no se enteró.  En un momento, se giró en la cama y se topó con la cara de la chica que conoció hace horas nada más y a la que ni siquiera le recordaba el nombre. Era linda, con maquillaje en demasía, pero linda de todos modos.  Pensó en besarle, se sentía sobrio así que medito si debía o no, desistió. Se quedó mirando la largos minutos, hasta que ella abrió los ojos lentamente y le sonrió. Él, involuntariamente, movido por una energía desconocida, pero tibia, le empezó a acariciar la mejilla. La sonrisa que sus blancos dientes mostraban, se entristeció y empezó a llorar, entonces él la abrazó fuerte y se mantuvieron así largo tiempo. Cuando paró de llorar, Octavio se dio cuenta de que ella se había dormido, entonces, él se alejó un poco para que ella respirara, pero de in...

Cadencia después de un trago amargo (parte 2)

[EDITADO EL 27/03/2016] En un primer momento, él se intimidó, pero luego, cuando empezó a sonar “Norwegain wood”, de The Beatles, todo volvió a su cabeza, las veces que Soledad ponía ese tema y repetía lo mismo: “ahh ¡cuanto me gusta este tema! Me recuerda al libro de Murakami”. Él mismo recibió ese libro de regalo, cuando Soledad solo era una muy cercana amiga.  “¿Y qué es lo que te complica que haz decidido ahogar tus penas en un Merlot y contarselas a un extraño?” Le preguntó Octavio, sin mirarla, untando en Ketchup y comiendo sus papas. Ella bajó la mirada y parecía que comenzaría a llorar, pero de repente sus ojos se abrieron y comenzó a reír.  “Acabo de ver al que sería mí futuro esposo, a ese hombre, al único que he amado… Besando a una chica menor que yo, aunque la vida la ha bendecido mucho más... ¡que cuerpazo tenía esa pendeja! Jajaja” Tomó la copa al seco y se sirvió más vino. “¿Sabes? Esta es la segunda vez que me emborracho en mi vida” Miró a O...

Cadencia después de un trago amargo (parte 1)

[Editado 20/03/2016] Hace muy poco que tomó esa costumbre de, cada vez que estaba un fin de semana solo, beberse una botella entera de coñac. Su mujer lo había abandonado, por lo demás, por su completa culpa. Él se obsesionó trabajando, paradójicamente, con la intensión de juntar dinero para un gran viaje con ella. Lamentablemente, ella nunca lo supo, creyó que él la cambió por su trabajo.  Bueno, también hubo ese típico e infaltable sujeto, ese que pinta la vida de aventuras y desenfreno sexual, porque siendo justos, Octavio no era bueno en la cama, tampoco malo, pero muy inseguro, entonces claro, hacía las cosas mal. El día que Soledad le dijo “me voy, ya no quiero seguir con esto, me canse de ti, de tu mediocridad y tu continuo abandono… Además, he conocido a alguien que me escucha y me hace sentir mujer, algo que contigo olvidé”, el mundo de Octavio se derrumbó, sin previo aviso.  Pasó 25 años creyendo que el amor era una mierda, un juego biológico para aparea...